“Evangelio

Octubre 2015 – Espiritualidad digital

Lugares solitarios

lugares solitarios   El que habla más alto; el que cuenta el chiste más ingenioso; el que sabe perfectamente lo que ocurre y lo explica a los demás; el que manda; el más guapo; la mejor vestida; ¡el que da más pena!… Te acabo de copiar un breve elenco de puestos que todo el mundo desea. Si quieres ocupar uno de ellos, tendrás que combatir con el resto de candidatos. Y no te digo que ojalá ganes, porque no lo deseo. No sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. ¡Qué bochorno!

   El que siempre escucha; el que sirve a los demás; el que obedece sin hacerse notar; el que escoge lo peor para sí, dejando a los demás lo mejor; el que nunca se queja; el que aprende de lo que dicen otros; el que se sonroja si le halagan; el que carga con las bolsas de la compra … Ahí tienes lugares solitarios, donde nadie quiere habitar, sino Cristo. No tendrás que pelear con nadie para llegar a ellos. Y, además de haber vivido junto al Señor, un día escucharás al Padre decirte: ¡Amigo, sube más arriba! ¡Hasta el Cielo!

(TOI30S)

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No es por meter el dedo en el ojo…

meter el dedo en el ojo   Leyendo el Evangelio, uno se puede acabar preguntando si Jesús no curó a nadie en martes, o en jueves. Parece como si todas las curaciones las hubiera realizado en sábado… Supongo que también los demás días sanó a los enfermos, pero a los fariseos les provocaban especialmente las curaciones realizadas en sábado, cuando, por Ley, estaba prohibido el trabajo. Sin embargo, Jesús no llevó a cabo esas curaciones con intención de meter el dedo en el ojo a los fariseos. Algo quiso decir con ese gesto:

   ¿Es lícito curar los sábados, o no?

   El sábado era el día del descanso de Dios. Jesús sabía que, muy pronto, ese descanso sabático de Dios tendría lugar en el sepulcro de José de Arimatea. Allí descansaría en la muerte Dios encarnado. Y esa muerte, precisamente, sería la que traería la salud a los enfermos y la libertad a los esclavizados por el pecado. Con esa muerte vencería Dios a la muerte.

   Por eso cura Jesús en sábado: para anunciar que su muerte traería la salvación, y que, tras el Sábado de muerte, vendría un domingo de vida eterna. Las puertas del Séptimo Día se han abierto, y vivimos en el Octavo: el Domingo.

(TOI30V)

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La casa vacía

casa   Lo he visto muchas veces. Tienes el alma llena de cosas, porque se han filtrado a través de tu piel y se han alojado en lo más profundo de tu espíritu: trastos, artefactos, tecnología, preocupaciones, afectos desordenados, consuelos efímeros, comida y bebida, noches de insomnio, falsas urgencias… ¡No cabe ni un alfiler! Llega Jesús, llama a tu puerta, y ni siquiera lo escuchas. El sonido de su llamada queda amortiguado por el ruido que hay dentro de ti. Además, si lo escuchases, tampoco le abrirías, porque no sientes necesidad de Dios. ¡Estás tan lleno! ¡Tan lleno de inmundicia!

   Vuestra casa se os quedará vacía. Eso es lo peor de todo. Que los diez mil armatostes que llenan tu alma se disuelven a toda velocidad, porque son tierra y polvo. Un día, te encontrarás con el alma vacía, despoblada y solitaria, manchadas sus paredes de putrefacción, y –¿me dejas que te lo diga?– envuelto en tu propio vómito. ¿Qué harás, entonces?

   ¡Hazlo ahora! ¡Saca del alma todo eso que te sobra y te mata! Vacía la casa, límpiala en el sacramento del Perdón, y deja entrar a Cristo. Recíbelo con cariño, y se quedará para siempre. Y ya no necesitarás nada.

(TOI30J)

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Cuerpos que derraman gracia

simón y judas   Cuando está a punto de estrenarse la séptima entrega de «La guerra de las galaxias», la expresión salía de él una fuerza que los curaba a todos puede ser equívoca. Si bien es cierto que la gente trataba de tocarlo, no por eso estamos hablando de un campo magnético o de algún tipo de energía descomponible en neutrones. Hablamos del Espíritu, y el Espíritu no es tangible. Sin embargo, a la hora de transmitirlo, cuerpo y alma operan juntos. Por eso Jesús imponía las manos sobre los enfermos.

   Ese mismo poder fue conferido por Jesús a los apóstoles. A través de sus cuerpos manaba la gracia divina. Y ellos, a su vez, imponiendo las manos sobre varones escogidos, lo transmitieron a los presbíteros.

   Hoy celebramos a Simón y Judas. Su apostolado no fue algo puramente espiritual o intangible. Dejaron sus cuerpos en el intento, murieron mártires, y así derramaron gracia sobre el mundo.

   La misma gracia brota de las manos de los sacerdotes, y también de sus labios. Unidos a los apóstoles por su comunión con el Obispo y el Papa, siguen siendo el cauce corporal por el que se derrama en la Tierra la más espiritual de las gracias.

(2810)

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Deber de gratitud

gratitud   Es deber de gratitud. Cuando el grano de mostaza, que se ha visto humillado y pequeño por su insignificancia, se hace un arbusto, y aquél que no era nada se encuentra elevado sobre los demás árboles, en recuerdo de lo poco que era, y agradecido a quien lo hizo crecer, deja que los pájaros aniden en sus ramas. No se engríe, no se quita de encima a tan pequeños inquilinos como quien con su esfuerzo ha construido una casa para sí, sino que se presta a servir de hogar para que otros seres pequeños rompan sobre él el cascarón y alcancen, también como él, su plenitud.

   Tú eras nada, y menos que nada. Por ti solo, no habrías hecho en tu vida más que el ridículo. Sin embargo, el Señor te tomó en sus manos y te nombró príncipe de su Pueblo, pastor de sus ovejas, y guía para caminantes extraviados. El propio Dios quiso albergarse en tu alma, y de choza desvencijada pasaste a ser Palacio Real. ¿Acaso vas ahora a rechazar a quienes se acercan a ti buscando el consuelo divino? ¿Vas ahora de despreciar a los pobres que buscan en ti refugio y ayuda? ¡Qué ingrato serías!

(TOI30M)

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Que no te toquen la chepa

chepa   Dicen que tocar la chepa de un jorobado trae suerte. Pero no creo que a ningún jorobado le haga mucha gracia que le acaricien la joroba. Salvo que cobren por ello, claro. Pero lo normal es que una persona que camina encorvada se alegre de recobrar la verticalidad.

   Así le sucedió a la mujer que estaba en la sinagoga cuando entró Jesús. Desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar. Cuando Jesús la curó, en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.

   Con todo, lo mejor del episodio es lo que el evangelio no nos cuenta. Porque san Lucas dice que Jesús la llamó; y, acto seguido, relata que le dijo: –«Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Lo que calla es que, entre una cosa y otra, cuando Jesús la llamó, ella acudió a su llamada.

   Muchos andan encorvados, con los ojos en tierra, sin mirar jamás al Cielo durante años. Y cuando Jesús, a través de un amigo o de un sacerdote, los llama, se dan la vuelta y porfían; no necesitan –dicen– que nadie los salve. Yo creo que son los que cobran por dejarse tocar la joroba.

(TOI30L)

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¿De qué te sirve ver si no te mueves?

ver   Cuando leemos el milagro de la curación del ciego Bartimeo, quizá nos parezca que el beneficio recibido por aquel hombre consistió en poder leer El Quijote prescindiendo de la versión en braille. Pero habrá que decir que, en ese caso, los verdaderos ciegos somos nosotros. Los ojos de aquel hombre, al cabo de un tiempo, se cerraron de nuevo para no abrirse más. Si en eso consiste todo el milagro, habría que haberle puesto fecha de caducidad.

   Estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Así viven muchos: ven pasar a los santos, y les piden dádivas. Pero ellos siguen allí, al borde del camino, sin mover un pie, no vayan a cansarse. Aplauden, ríen, lloran, protestan… Pero no hacen nada. Y así vivía Bartimeo, hasta que sus ojos vieron al Señor.

   Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino. ¡Ésa es la verdadera gracia! Tras ver a Cristo, no quiso perderlo de vista. Y se movió, y caminó, y dejó de pedir a los demás para entregarse él. Y, una vez cerrados sus ojos por la muerte, siguió adelante por su camino y alcanzó la vida. ¿De qué te sirve ver si no te mueves?

(TOB30)

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El telediario y la presencia de Dios

telediario   Es sorprendente la forma en que Nuestro Señor Jesucristo miraba los acontecimientos de la vida pública de su tiempo. Muchos pierden automáticamente la presencia de Dios cuando abren la prensa o presencian el telediario. Luego vienen al confesonario, claro, y vienen dolidos consigo mismos: «Es que en cuanto veo a los políticos me descompongo, los juzgo, los insulto y los condeno»… Lo primero que habría que decirles es que lo que ven no son personas, sino caricaturas dibujadas por los medios. Nada sabemos de los verdaderos dolores y alegrías íntimos de esos personajes públicos. Pero, en segundo lugar…

   … En segundo lugar, hay otro modo de acercarse a la prensa. El de Cristo: Aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

   Está claro que Jesús leía la prensa en oración. Y las noticias no le llevaban a enfadarse, ni a tomar partido, ni a juzgar, sino a escuchar la voz de Dios detrás de cualquier acontecimiento. Eso es mucho más provechoso que lanzar las zapatillas al televisor, que no tiene la culpa.

(TOI29S)

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Acto de conciliación

acto-de-conciliacion   Creo recordar que, cuando yo estudiaba Derecho, se llamaba acto de conciliación. Antes de determinados juicios, las partes podían reunirse y llegar a un acuerdo entre ellas, evitando así el procedimiento judicial.

   Cuando te diriges al tribuna con el que te pone pleito, haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais de camino; no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues el último céntimo.

   El que te pone pleito, principalmente, es el propio Jesús. Él es el primer ofendido por tus pecados, y el que ha sido crucificado por tus culpas. En segundo lugar, te ponen pleito muchos prójimos, todos aquellos a quienes has ofendido durante tu vida. Y, en tercer lugar, como tengas que pagar hasta el último céntimo de tus agravios, no saldrás del Infierno en toda la eternidad.

   Bendito acto de conciliación. Tienes mucho trabajo y poco tiempo: hazte amigo de Jesús, ama a tu prójimo, y acógete ahora, antes del Juicio, a la misericordia divina en el sacramento del Perdón. Es tu gran y única oportunidad.

(TOI29V)

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El fracaso de Dios

fracaso   Jesucristo es el Príncipe de la paz. Vino al mundo para que el hombre, sometido a la discordia del Diablo, encontrase su paz en Dios. Sin embargo, dice:

   ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres.

   Son palabras que pronuncia a su pesar, el corazón y los ojos arrasados en lágrimas. «Si entra en la Tierra en Príncipe de la paz, deberíais pensar que viene a traer la paz de Dios. Así debería ser, y así quería Dios que fuese. Pero, a causa de la dureza del corazón del hombre, el que viene a traer la paz no traerá sino división. Será bandera discutida; unos caerán al tropezar con Él, y otros se levantarán apoyados en Él, para que quede clara la actitud de muchos corazones (Cf. Lc 2, 34-35)». Simeón predijo ese fracaso de Dios.

   Si Dios fracasó, y queriendo enviar paz sembró división, la culpa es toda nuestra. Dos mil años después, la Cruz sigue cortando a la Humanidad como un cuchillo: unos huyen despavoridos a su vista, y otros se recuestan en ella y allí encuentran la paz.

(TOI29J)

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