Evangelio 2018

22 septiembre, 2015 – Espiritualidad digital

Esas tentaciones tan extrañas…

tentaciones   … Y es que no basta con escuchar. Continuamos hoy donde lo dejamos ayer.

   Por ejemplo: tú estás cómodamente sentado, y escuchas el Sermón de la Montaña: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5, 3). Entonces comienzas a divagar sobre las maravillas de la pobreza espiritual y la libertad con que vive quien no tiene otra riqueza sino Dios. Como quien juega con fuego se acaba quemando, repentinamente te asalta un pensamiento inquietante: ¿por qué no prescindir del teléfono móvil un día a la semana? ¿por qué no declarar los viernes como «día sin televisión»? Se te ocurre que, de esa forma, serías un poco más pobre, un poco más libre, y un poco más rico en el alma.

   Inmediatamente, se disparan todas las alarmas. Comienzas a sentir desasosiego. Te están tocando la vida, y eso te alborota. Como semejantes pensamientos te hacen perder la paz, los tratas como si fueran tentaciones, y los desechas. ¡Estabas tan a gusto contemplando! Una vez desechados, continúas tu oración… ¡Qué paz!

   Más bien: ¡Qué lástima!

   Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.

(TOI25M)