Evangelio 2018

20 septiembre, 2015 – Espiritualidad digital

Palabras ociosas

palabras   Cuando alguien te pregunta de qué estás hablando, te da a entender que no estaba invitado a participar en la conversación. Por eso, una respuesta lícita es: «¿Y a ti qué te importa? No estoy hablando contigo»… Salvo que quien te pregunte de qué estás hablando sea el mismo Dios. A Él le importa todo, y ante Él debemos rendir cuentas de cada palabra.

   El mismo día en que Jesús resucitó, dos discípulos suyos se encaminaban a Emaús, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado (Lc 24, 14). Hablaban sin fe, como hablan los perdedores. En esto, Jesús se acercó y les preguntó: ¿De qué discutís entre vosotros? (v. 17). Cuando se lo contaron, Jesús les reprendió. Habían estado diciendo tonterías.

   Andaban los apóstoles discutiendo quién era el más importante. Y Jesús les dejó discutir, pero, al llegar, les preguntó: ¿De qué discutíais por el camino? Se avergonzaron y callaron. Una vez más, Jesús les reprendió.

   Aprende la lección, y que no tenga Jesús que preguntarte, al final del día, de qué has estado hablando. No abras la boca sin invitarle a tomar parte en tus conversaciones. Quizá así hables menos, y lo que hables sea provechoso.

(TOB25)