Liber Gomorrhianus

15 Septiembre, 2015 – Espiritualidad digital

Yo era niño en tus brazos

niño en tus brazos   Diste a luz a Jesús entre alegrías, y a mí me diste a luz entre dolores. Nada tuviste que fuese sólo tuyo, y por eso eran tus dolores los dolores de tu Hijo. Padecía Jesús sobre el Madero, y, junto a su Cruz, recogías tú cada dolor y lo apretabas contra tu pecho. Y ese mismo pecho, en el que se nutrió el Redentor, sangraba ahora traspasado por la espada salida de la forja de mis culpas.

   Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: – «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

   Me miraste como mira la madre al niño que sale de su vientre. Tus ojos se empañaban en lágrimas, y tus brazos se extendía hacia mí.

   Luego dijo al discípulo: – «Ahí tienes a tu madre».

   Corrí hacia ti, y me abrazaste. Tus lágrimas empaparon mis cabellos y se deslizaron por mi frente. Así rompías aguas, y así nacía yo, vivificado por la gracia, a la vida de los hijos de Dios.

   Y, mientras tanto, no podía dejar de pensar que estabas amando al verdugo de tu hijo. Aunque ese verdugo ya estaba sepultado, y yo era niño en tus brazos.

(1509)