Evangelio 2018

11 septiembre, 2015 – Espiritualidad digital

El ciego que guía a otro ciego

ciego   Probablemente, no hay nadie tan ciego como quien lo ve todo clarísimo. Peor aún, se empeña en que los demás lo vean como lo ve él. Y, si no lo ven, exige que le hagan caso, porque no ha visto nada más claro en toda su vida.

   ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

   Luego pasan los años, y, si la vida te ha enseñado algunas cosas, miras atrás y sufres. Compruebas cómo aquello que te había parecido clarísimo e irrefutable era un error terrible, y te sientes culpable de que otros se fiaran de ti y cometiesen el mismo error.

   Mira: si no quieres arrepentirte de muchas cosas dentro de diez años, no prestes tu adhesión inquebrantable más que a las verdades de la Fe. En ellas no cabe error. Ojalá estés dispuesto a defenderlas incluso con tu propia vida.

   Pero, en cuanto a todo lo demás… Mejor no des tu opinión si no te la piden. Y, si te la piden, ofrécela con humildad y no te empeñes demasiado en defenderla. Si no te hacen caso, alégrate. Así no correrás el riesgo de que otros se equivoquen por tu culpa.

(TOI23V)