Liber Gomorrhianus

8 septiembre, 2015 – Espiritualidad digital

Abrió el Camino y mostró la Puerta

camino   Hay personas realmente originales. Su modo de hacer las cosas es único, y, debido a ello, llaman la atención de los demás. Muchas de estas personas agrupan en torno a sí nubes de admiradores. Pero, cuando estas personas se marchan, no queda nada. Ni abrieron caminos, ni edificaron algo que valiese realmente la pena… Tan sólo se exhibieron a sí mismos, recibieron sus aplausos, y se marcharon dejando a sus admiradores desconsolados. Poco después que ellos, muere su recuerdo. Tanto ruido para nada.

   Yo creo más en las personas «originarias». Me refiero a quienes dan origen a algo, a quienes abren puertas para que los demás las crucen. No siempre se exhiben; muchas veces pasan por el mundo en silencio, y sólo cuando se marchan se ve el camino abierto detrás de ellos.

   La Virgen María es una de estas personas. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, dijo el ángel a José. Toda su vida fue obediencia. Ni llamó la atención, ni buscó halagos de los hombres. Pero, en su sencillez, hizo con tanto amor lo que Dios le pedía, que trajo al mundo a Aquél que es llamado Camino, y también Puerta.

(0809)