Liber Gomorrhianus

7 septiembre, 2015 – Espiritualidad digital

La caricia convertida en yugo

sábado   Dios instituyó el Sábado para que el hombre descansara y alabase a su Creador. Era un precepto amoroso, dictado por un Padre providente cuyo mayor deseo es la felicidad de sus hijos. El bien del hombre y la gloria de Dios: es lo que hay detrás de la Ley.

   ¿Puede esa ley convertirse en yugo que ahogue la voluntad del hombre lo someta hasta impedirle respirar? Puede. Basta con idolatrarla, convertirla en fin, y olvidar el motivo por el que fue dictada. Desde ese momento, la felicidad del ser humano deja de importar, y sólo importa que la ley se cumpla para que nada escape de su control. Preceptos que eran caricia tierna de Padre se vuelven barrotes de hierro forjado, y el mismo rostro de Dios se desfigura hasta volverse severo y airado.

   Mirad a los escribas y fariseos: Era sábado. Ante ellos, el Hijo de Dios derramaba salud, y un enfermo sanaba lleno de alegría. ¿No era ésa la finalidad del Sábado, la felicidad del hombre y la gloria de Dios? Sin embargo, ellos se pusieron furiosos, y discutían qué había que hacer con Jesús. Ya os dijo su Padre lo que había que hacer con Él: escucharlo.

(TOI23L)