Liber Gomorrhianus

1 septiembre, 2015 – Espiritualidad digital

Una sola palabra bastaría…

palabra   Acostumbrados, como estamos, a la radio, a la televisión, y a vivir con el teléfono móvil pegado al lóbulo auricular, una palabra no supone la más mínima novedad para nosotros. Palabras son, precisamente, las que nos sobran. No somos Robinson Crusoe, deseoso de escuchar una voz humana para sentir compañía.

   ¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen. Poco o nada tiene que ver ese griterío incesante que nos acompaña con la palabra del Señor. En su caso, basta una palabra para desplegar, dentro del alma, una fuerza descomunal, dulce y pacífica, capaz de santificarnos por completo. Dice la Escritura que la palabra de Dios es más valiosa que el oro fino, y más dulce que la miel de un panal que destila. Una sola frase de Jesús, leída a primera hora de la mañana, podría llenar el día de paz si la recordásemos a cada momento.

   Por eso, cuando descubro a gente distraída mientras en misa se proclama el evangelio, le doy la vuelta a la pregunta que se hicieron los cafarnaítas y me digo: «¿Qué tiene el corazón del hombre? Le habla su Dios, y es capaz de no inmutarse».

(TOI22M)