Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

29 Agosto, 2015 – Espiritualidad digital

El odio y su rastro de muerte

odio   Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.

   No es que el reino de Herodes, degradado a tonto útil del Imperio, fuera excesivamente grande, pero, al fin y al cabo, un reino es un reino, y medio reino es medio reino. Conlleva riquezas, honores, cierto prestigio, y media corona, que siempre es mejor que medio pañuelo con dos nudos. Sin embargo, aquella muchacha se apresuró a responder: Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan, el Bautista.

   ¿Qué hace una chica con la cabeza de un muerto? Salomé pudo quedarse con medio reino, y Juan conservar su cabeza. Pero gracias a la decisión de la muchacha, destronada quedó ella y decapitado él. ¿Por qué?

   Es lo del escorpión y la rana, ya sabéis. Pero, como no hay espacio para contarlo, os lo diré de otro modo: el odio es la pasión más degradante de cuantas pueden anidar en el corazón del hombre. Mata a quien odia y –si logra su objetivo– mata al odiado. Todo en él es muerte. Si habéis contemplado de cerca un divorcio sabéis de lo que os hablo. ¡Guardaos del odio como de la peor peste!

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