Liber Gomorrhianus

18 Agosto, 2015 – Espiritualidad digital

Es duro aprender a ser pobre

Simón   Le faltó tiempo a Simón Pedro para dar un paso hacia delante: Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?

   Jesús fue condescendiente con Simón, y le prometió una gran recompensa: Vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. En la Última Cena renovaría el Señor esta promesa. Pero no le dijo a Simón el largo camino que tenía por delante.

   Poco después de aquella cena, Simón, el que presumía de haberlo dejado todo por Jesús, negaría por tres veces a su Maestro. Y cuando, ya resucitado, Jesús le preguntó si lo amaba, ya no pudo responder haciendo alarde de sus méritos. Estaba lleno de vergüenza. Entonces se dio cuenta de que no; no lo había dejado todo. Aún seguía aferrado a su propia honra y a su propia vida. Por eso se conformó con Tú sabes que te amo (Jn 21, 17).

   Y es que, cuando un hombre piensa que lo ha dejado todo, aún le queda mucho por dejar. La verdadera pobreza hay que pedirla como se pide un milagro. Y consiste en no tener nada más que a Cristo.

(TOI20M)