Evangelio 2018

4 agosto, 2015 – Espiritualidad digital

Una necesidad imperiosa

oración   El comentario de hoy es continuación del de ayer, como lo es el evangelio. Y ayer concluíamos: «Todos se saciaron, menos Él».

   Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar.

   Lo que no sucedió: Jesús estaba muy cansado, y, como era tarde, se fue a la cama. Pero, cuando estaba entrando en la cama, recordó que, con todo el jaleo de los enfermos y los panes y los peces, al final no había hecho la oración. Entonces, como era muy cumplidor, se dijo: «Pues, aunque tengo sueño, yo no me acuesto sin rezar». Se puso a rezar, y, claro, se quedó dormido. ¡Pobre Jesús!

   Lo que sucedió: Desde el mismo momento en que vio lleno de gente el lugar donde pensaba orar, a Jesús lo consumió por dentro un ardiente deseo de intimidad con su Padre. Y cuando, al final, despidió a la multitud, ni siquiera sintió el cansancio o el sueño. Subió al monte a paso ligero, y allí oró y lloró hasta bien entrada la noche. ¡Lo necesitaba tanto!

   Si no experimentas la oración como una necesidad urgente de tu alma, aún no conoces ni amas a Dios como deberías. ¡Date prisa! ¡Reza!

(TOI18M)