“Evangelio

Agosto 2015 – Espiritualidad digital

Aplausos y mentiras

aplausos   «Padre, yo me esfuerzo por tener contentos a todos, pero nunca lo consigo»… Y me lo dice una buena persona. Buena, aunque ingenua.

   En mi librito, son apenas dos líneas las que median entre estas dos frases del evangelio de hoy: Todos le expresaban su aprobación (…) Y decían «¿No es éste el hijo de José?». En tan poco tiempo, los nazarenos pasaron de ensalzar a Jesús a desconfiar de Él. Trece líneas más abajo: Se pusieron furiosos, y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco, con intención de despeñarlo. 13+2=15. Es decir: en quince líneas, pasamos de vitorear al Maestro a querer matarlo.

   Si el propio Dios no ha conseguido tener contento a todo el mundo, ¿cómo quieres lograrlo tú? No será que te gustan los aplausos, ¿verdad? Porque, en ese caso, me das pena. Entre los hombres, del aplauso a la bofetada va muy poca distancia.

   Deja de mirar al auditorio. Desprecia la opinión de los hombres. Y mira a Dios: procura agradarle sólo a Él. No lograrás que te aplauda, porque es Él quien debe ser aplaudido. Pero puedes lograr que te sonría. Y su sonrisa vale más que todos los aplausos de las criaturas.

(TOI22L)

Las malas hierbas

malas hierbas   La vida espiritual tiene bastante que ver con la jardinería. Tú puedes segar las malas hierbas, y, por un momento, desaparecen. Pero, si la raíz sigue dentro de la tierra, a los pocos días vuelven a aparecer. Y tendrás que segar otra vez, y otra, y otra…

   Así sucede con la lucha ascética: realizas esfuerzos ímprobos para hacer bien las cosas, y no ofender a Dios en nada. Pero, cada mañana, tus pecados luchan nuevamente por aparecer. Y, muchas veces, lo logran.

   Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí (…) Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.

   ¿No entiendes? Mientras sigas atento a tus actos y no te fijes en tu corazón, seguirás trabajando en vano. Porque la raíz de tus pecados está dentro, en el corazón. Allí hay egoísmo, soberbia, sensualidad, envidias, rencores, odios… Arrodíllate; pide al Espíritu Santo que entre y limpie; recibe con devoción los sacramentos; contempla, en los evangelios, al sagrado corazón de Jesús… Y, sin abandonar la lucha, hazte niño y deja que el Paráclito te purifique por dentro. Hasta que la única raíz que haya en ti sean los sentimientos de Cristo.

(TOB22)

El odio y su rastro de muerte

odio   Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.

   No es que el reino de Herodes, degradado a tonto útil del Imperio, fuera excesivamente grande, pero, al fin y al cabo, un reino es un reino, y medio reino es medio reino. Conlleva riquezas, honores, cierto prestigio, y media corona, que siempre es mejor que medio pañuelo con dos nudos. Sin embargo, aquella muchacha se apresuró a responder: Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan, el Bautista.

   ¿Qué hace una chica con la cabeza de un muerto? Salomé pudo quedarse con medio reino, y Juan conservar su cabeza. Pero gracias a la decisión de la muchacha, destronada quedó ella y decapitado él. ¿Por qué?

   Es lo del escorpión y la rana, ya sabéis. Pero, como no hay espacio para contarlo, os lo diré de otro modo: el odio es la pasión más degradante de cuantas pueden anidar en el corazón del hombre. Mata a quien odia y –si logra su objetivo– mata al odiado. Todo en él es muerte. Si habéis contemplado de cerca un divorcio sabéis de lo que os hablo. ¡Guardaos del odio como de la peor peste!

(2908)

Cortesía de los reyes

cortesía de los reyes   Son las divinas paradojas de la Redención. Y no es fácil entenderlas, salvo que aprendamos a pensar como Dios y no como los hombres (cf. Mt 16, 23), es decir, con la mente de Cristo (cf. 1Co 2, 16).

   El esposo tardaba… Y es que, justo al día siguiente de considerar nosotros aquí la importancia de la puntualidad, y el interés de Dios porque sus administradores sirvan a los siervos la comida a sus horas, se nos devela que el propio Esposo, el Amo, el Señor que tanto insistía en la puntualidad, llega tarde a su propia boda. ¡Menudo ejemplo!

   Está claro que así pensamos los hombres. Desde nuestro punto de vista, Dios siempre llega tarde. Y, si no nos encuentra dormidos, nos encuentra impacientes y enfadados. ¡Tantas oraciones, y parece que Dios no escucha! Pocos tienen la mansedumbre que tuvieron Marta y María después de haber llamado al Señor para que curase a su hermano y haber visto morir a Lázaro sin que Jesús apareciese.

   Sin embargo, desde el punto de vista de Dios… La puntualidad es cortesía de los reyes. Dios siempre llega a su hora. Somos nosotros quienes tenemos demasiada prisa, y no sabemos aceptar sus tiempos.

(TOI21V)

El sacerdote, la misa y el reloj

puntual_www.stilogo.com   Perdonad si, hoy, este breve comentario está trufado de corporativismo. Normalmente escribo para laicos, pero las palabras que hoy nos regala el Señor me remueven como sacerdote.

   ¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Preciosa descripción del ministerio sacerdotal. El sacerdote es aquél en cuyas manos pone Jesucristo el Pan de Vida para que lo reparta los siervos de Dios. Y –ya lo habéis leído– quiere que lo haga a sus horas.

   Es toda una delicadeza por parte del Señor, a la que los sacerdotes debemos servir con todo nuestro empeño. La misa no puede comenzar tarde nunca. Al Pueblo de Dios no se le debe hacer esperar jamás. Si los feligreses comprueban que la misa siempre empieza puntualmente entenderán que, para el sacerdote, la misa es lo más serio de su vida. Y se sentirán ellos también movidos a ser puntuales.

   Pero si los feligreses notan que la misa siempre empieza tarde, aunque sean pocos minutos, acabarán creyendo –en el mejor de los casos– que el sacerdote tiene otras cosas más importantes que hacer. Y eso sería terrible, para el sacerdote y para ellos.

(TOI21J)

Mejor no hablar de más…

hablar de más   Todas las frases que comienzan por «yo, en tu lugar, haría…» son muy arriesgadas. Lo mismo digo de las que comienzan por «lo que yo haría en esa situación…». El misterio de la libertad humana me parece insondable.

   Jesús acusa a los fariseos de proclamar: Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas. Precisamente Él es el único que sabe lo que habría sucedido en esa situación. Pero, en cuanto a nosotros…

 Por de pronto, y si quieres, acéptame un consejo: nunca digas «yo no haría esto», porque, un buen día, te puedes encontrar haciéndolo. Y si «esto» es una ofensa a Dios, además de verte acusado por «esto» te verás acusado por tu soberbia. ¿Tan bueno te creías? Anda, recuerda a Simón Pedro y no hables de más.

   Tú, yo, y quienquiera que viva bajo el sol somos capaces de cualquier pecado y de cualquier atrocidad. Por eso, antes que sentirnos seguros en nuestra «virtud», más nos valdría rezar muchas veces el Padrenuestro: ¡No nos dejes caer en tentación! Porque el único garante de que no pequemos es Dios. Y a Él se lo debemos pedir cada mañana.

(TOI21X)

Peligros de la lectura rápida

lectura rápida   Leemos muy deprisa el Evangelio, y así nos va.

   ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos ciegos, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Algunos, tras leer estas palabras, rápidamente deducen que quienes pagan el décimo son unos hipócritas incapaces de compadecerse de nadie; y que lo que hay que hacer es ser compasivos en lugar de pagar tanto décimo.

   Es como si yo digo durante un sermón: «¿Por qué comulgáis todos los días, si después habláis mal de vuestro prójimo?», y un alma incauta deduce de mis palabras que comulgar todos los días nos vuelve hipócritas, y que es mejor no comulgar, no vaya a ser que la comunión nos envenene y nos vuelva malos. Desgraciadamente, no me invento nada.

   Deberíamos leer el evangelio hasta el final: Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. Es decir: que mientras tú no entregues el diezmo de tus ingresos en limosnas no critiques a quienes lo hacen. Y mientras no comulgues tú todos los días, mejor cierra los labios, que por donde no entra la comunión sale la ponzoña.

(TOI21M)

WYSIWYG

wysiwyg   Pocas veces vemos a Jesús alabar a alguien. En contadas ocasiones alabó a paganos, como la mujer cananea o el centurión. Pero quizá el elogio más hermoso (de los conocidos, porque a su Madre la cubriría de piropos) lo reservó para un israelita llamado Bartolomé: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.

   No existe mucha gente así. Por lo general, la gente muestra una imagen, y cuando te acercas descubres que su rostro es muy distinto al que te mostraron. Otros dicen «A» cuando quieren decir «B», y, por si fuera poco, te exigen que adivines lo que quisieron decir. Otros te apuñalan mientras sonríen, y otros se ríen de ti mientras lloran sobre tu hombro. Las relaciones humanas son complicadísimas, porque la mayor parte de la gente requiere el uso de un diccionario personalizado para tratar con ellos. Diez minutos de conversación pueden agotar a un ser humano desprevenido contra esto.

   Supongo que por eso agradeció tanto el Señor encontrar a un hombre sin engaño. Los americanos dirían de él que es un WYSIWYG («What you see is what you get»). ¡Qué delicia! Es más fácil ser santo cuando se comienza por ser así.

(2408)

Duro de lejos… Y blando de cerca

adultera   Pensamos que el cristianismo debe ser blando, confortable y consolador. No hay que asustar a la gente, no hay que aburrir a jóvenes ni a niños, y cualquier discurso que suene duro es propio de dictadores, no de cristianos que viven en democracia. Buscamos una Iglesia que pueda convivir con el mundo sin llegar al martirio. Pero lo cierto es que Jesús no fue así.

   Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso? (…) Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

   Hagamos honor a la verdad: Jesús fue duro de lejos y tierno de cerca. Exponía la verdad sin concesiones, llamando a cada cosa por su nombre, pero cuando miraba a los ojos de alguien se emocionaba. Su discurso moral alcanzó un nivel de exigencia al que nadie osó llegar; habló del pecado y del Infierno. Pero cuando tenía delante a un pecador lo trataba con tal ternura que lo derretía por dentro hasta transformarlo.

   Sigamos haciendo honor a la verdad: somos lo contrario que Jesús. Pronunciamos discursos conciliadores de marketing acaramelado, pero tratamos a palos a quienes se nos acercan. Blandos de lejos… Y duros –insoportables– de cerca. Lástima.

(TOB21)

Paradojas

paradoja   Paradoja: nunca el hombre ha tenido tanto poder para someter el entorno. Con un click llegamos al otro lado del Globo. Desciframos el genoma humano y poco falta para que fabriquemos niños «de diseño». Sin embargo… Nunca el hombre ha sido tan esclavo. No puede salir de casa sin teléfono móvil, ni mantenerse varias horas lejos de una pantalla, no concibe su vida sin coche y apenas controla sus instintos. Hace casi veinte años, supimos que la persona con más poder sobre la Tierra era incapaz de mantener cerrada su propia bragueta. No es sólo una paradoja. Es el Demonio, que se burla de aquéllos a quienes encumbra.

   Paradoja: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Una joven se arrodilla, se somete amorosamente a la voluntad de su Creador… Y la vemos coronada Reina de Cielos y Tierra. Libre de pecado, de la muerte, de instintos y pasiones, de apego a bienes materiales… Tampoco es una paradoja.

   Es que cuando el hombre se niega a postrarse ante Dios acaba de rodillas ante cualquier bagatela. Pero cuando el hombre se somete a su Creador resulta liberado del pecado y la muerte para reinar con su Dios.

(2208)