Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

30 Julio, 2015 – Espiritualidad digital

El horno encendido

horno    El Infierno nunca apetece. Pero, en verano, apetece aún menos. Las imágenes del horno encendido, leídas a 40º C de temperatura, provocan auténtico pavor.

    Separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Y, con todo, si el fuego del Infierno fuese comparable a las llamas que aquí vemos cuando arde un monte, sería más liviano de lo que es.

    El fuego en que arden las almas sin Dios es más comparable al de la sed. Uno se abrasa por dentro, y anhela, como Epulón, una sola gota de agua que traiga refrigerio al corazón en llamas.

    Como sucede con el Cielo, el Infierno se experimenta ya en esta vida, y –si no media conversión– se consuma tras la muerte. El pecado, y la ausencia de un Dios cuyo auxilio se rechaza, quema por dentro a las almas. Por eso son muchos quienes se obsesionan con vivir «hacia fuera»: ruido, gente, trabajo, copas, viajes… Huyen de su propia alma, y no soportan el silencio. Les quema.

    ¡Cuántas de estas personas se salvarían del horno encendido si un alma de Dios les ofreciese una sola gota de agua, una palabra sobre Cristo, que es el agua viva!

(TOI17J)