Evangelio 2018

26 julio, 2015 – Espiritualidad digital

Que nada se desperdicie

que nada se desperdicie   Conmueve el gesto de Jesús tras la multiplicación de los panes: Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie. Al dar esa instrucción, no le movía un afán de ahorro, ni la cautela del pobre que no sabe si comerá mañana. Él es la abundancia misma de Dios, y acababa de convertir cinco panes en alimento para miles de personas. Lo que movía a Jesús a recoger los pedazos de aquel banquete era el tierno aprecio por los dones de Dios. Ni una miga debía perderse de las entregadas por su Padre, porque todas ellas llevaban el sello de su Amor.

   Pienso en ello cada vez que, tras la comunión, purifico los vasos sagrados. En cada partícula de la sagrada Hostia está Cristo entero. Por eso, debo purificar con tal cariño y delicadeza que nada se desperdicie.

   Lo que Dios regala al hombre no debe perderse. En ocasiones sucede así, cuando los hombres dan la espalda a los dones de su Creador. Santa Teresa de Lisieux estaba empeñada en que no se perdiese ni una gota de la sangre de Cristo.

   Tú procura comulgar bien. Agradecer todo, aprovechar todo, disfrutar todo, hasta el dolor. Que nada se desperdicie

(TOB17)