Liber Gomorrhianus

25 Julio, 2015 – Espiritualidad digital

Lo peor –y lo mejor– de los santos

santiago-apostol-diadel3   A veces pienso que se trata de algo intencionado. Y la intención debe ser doble, de la Escritura por una lado y de la Iglesia por otro, aunque ambas intenciones tengan un mismo origen. Me refiero a esa costumbre de mostrar lo peor de los primeros santos (¡los elegidos para acompañar a Jesús!). Santo Tomás con su incredulidad, santa Marta con su tozudez, san Pedro con su traición, y, hoy, Santiago con sus ínfulas, escudado tras las faldas de mamá: Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

   Será o no intencionado, pero ¡qué bien nos viene! Al mostrarnos lo peor de los primeros santos, la Iglesia y la Escritura nos recuerda aquello que tienen en común con nosotros. Es fácil sentirse identificados con ellos en ese barro frágil y quebradizo del que también nosotros estamos hechos. Podríamos ir aún más allá, y recordar que no nos ama el Señor a nosotros menos que a ellos.

   Entonces, ¿qué nos falta para que seamos santos como ellos? Te lo diré: nuestra correspondencia a la gracia. Ya que los hemos imitado en lo peor, hagámoslo también en lo mejor.

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