Evangelio 2018

21 julio, 2015 – Espiritualidad digital

¡Tú, madre de Dios!

madre de dios   De todos los privilegios con que fue adornada la Santísima Virgen, el mayor fue el de ser Madre de Dios. Si fue concebida inmaculada, lo fue para que pudiese ser Madre de Dios. Si fue Virgen, lo fue para que en sus entrañas, huerto sellado, sólo Dios habitase. Si fue asunta a los Cielos, lo fue porque el cuerpo que había sido morada de Dios no podía ser consumido por la corrupción.

   Pero la maternidad divina no quedó limitada al hecho de haber llevado durante nueve meses a Dios en las entrañas. San Agustín nos dice que, antes de concebir a Dios en su vientre, lo concibió María en su corazón por la escucha de la Palabra y el amor a su Creador.

   Tenlo en cuenta cuando leas las palabras del Señor: El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Salvando las distancias –eres pecador–, tú también, cristiano, puedes ser madre de Cristo. Por tu oración lo concibes en el alma, y por la santidad de tu vida lo darás a luz en muchas almas. Miles de hijos, miles de cristos alumbrarás si eres, de verdad, apóstol.

(TOI16M)