Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

20 Julio, 2015 – Espiritualidad digital

Las tinieblas de la Cruz y las luces de neón

milagros   Hacer milagros no es privativo de Dios. Si nos atenemos a la Escritura –y a la Historia– está claro que también el Demonio hace milagros. Los magos del Faraón respondieron con milagros a los milagros de Moisés. No todo lo sobrenatural es, necesariamente, divino. Ni siquiera lo que parece piadoso. Por eso la Iglesia, cuando le presentan un hecho extraordinario, en primera instancia, desconfía. Y sólo cuando ha realizado mil comprobaciones certifica el carácter divino del fenómeno. No olvidemos que contra la virtud de la fe se puede pecar por defecto –increencia–, pero también por exceso, es decir, por credulidad. Hay cristianos dispuestos a comerse a besos un semáforo a los dos minutos de que alguien les dijese que allí se aparece santa Gertrudis.

   Esta generación perversa y adúltera exige un signo. Nos gusta el espectáculo. Y los «grandes milagros» conllevan miles de personas, largos viajes y peregrinaciones, noticias de curaciones y conversiones, titulares para alimentar las webs católicas que buscan millones de visitas…

   Poco que ver con la soledad de Cristo en la Cruz; con su aparente fracaso; con las tinieblas que lo rodearon… Tienes a mano el sagrario, y ¡está tan solo! ¿No te parece milagro suficiente?

(TOI16L)