Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

6 Julio, 2015 – Espiritualidad digital

¡Ánimo!

¡Ánimo!   Hace pocos días leíamos cómo, ante un paralítico, Jesús exclamaba: ¡Ánimo, hijo! Tus pecados están perdonados (Mt 9, 2). La misma exclamación brota hoy de los labios del Señor ante la enferma sanada al contacto con su manto: ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha curado.

   Ya entendéis que son cosas de la traducción, y que Jesús no pretendía, con ese grito, insuflar moral en Alberto Contador para que ganase el Tour de Francia. Ese ¡Ánimo! significa «¡Alégrate!».

   Y, en verdad, hay que decirlo. Porque, muchas veces, los hombres recibimos grandes regalos de Cielo y nos marchamos como si tal cosa. Hay personas que se confiesan, obtienen el perdón de todas sus culpas y la liberación de las penas eternas, y salen del confesonario como saldrían de la caja del supermercado. Ni una emoción, ni una sonrisa, ni una sensación de gratitud. ¡Están tan acostumbrados!

   Valorad mucho el sacramento de la Penitencia. Considerad que, cada vez que recibís la absolución, quedan vencidos el pecado, el Infierno y la muerte. Recibid el perdón con fervor, y salid del confesonario gozosos e ilusionados. Cumplid la penitencia con alegría, y llenad el corazón con deseos de santidad. La vida comienza tras cada absolución. ¡Ánimo!

(TOI14L)