“Evangelio

3 Julio, 2015 – Espiritualidad digital

Necesitamos a Tomás

Tomás   Quienes somos seres bastos y groseros; quienes palpamos las limitaciones de nuestra carne cada día; quienes, en verano, sentimos la necesidad de una cerveza fresca y hasta soñamos con ella; quienes tenemos que palpar por la noche los muebles del dormitorio para caminar seguros de no tropezar… necesitamos a Tomás. Y, aunque el pecado sea la cima de todos los males, secretamente y con rubor agradecemos su falta de fe, esa falta de fe que nos ha situado a muchos a la altura (¡la «bajura»!) de un santo.

   Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado… Necesitábamos esos dedos y esa mano para estar seguros de que alguien como nosotros tocó sus llagas. Necesitábamos, también, que no se tratase de un fanático convencido de antemano de la resurrección de un muerto. Porque, si hubiese sido así, muchos de nosotros lo habríamos achacado a la sugestión del incondicional. Necesitábamos que fuese un agnóstico, un increyente afincado en su incredulidad quien cayese ante el tacto de un cuerpo glorioso.

   Dichosos los que crean sin haber visto. Pero de algún modo, Tomás, hemos visto por tus ojos y palpado por tus manos. Gracias por haber tocado.

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