Liber Gomorrhianus

2 julio, 2015 – Espiritualidad digital

Dio a los hombres el poder de perdonar pecados

perdonar   Éste blasfema, dijeron de Jesús, porque no eran capaces de entender que un hombre pudiese perdonar pecados. No sabían, desde luego, que ese hombre era Dios.

   Ante el escándalo de los hombres, Jesús ha querido ser más provocador todavía. Y, para movernos con más motivos a la fe, ha entregado a unos hombres el poder de perdonar. Desde la misma tarde del domingo de resurrección, son las manos de los sacerdotes el caño por el que la divina misericordia limpia las almas de los pecadores.

   Dos mil años después, el sacramento de la penitencia sigue llamando a muchos a escándalo. Y se resisten a confesar sus pecados al sacerdote, mientras imaginan poder recibir la absolución directamente de Dios. ¿Cuántas veces has escuchado la frase «yo me confieso directamente con Dios»?

   Pero la Palabra del Señor sigue viva. Y es bueno recordar que, para un bautizado, el único medio ordinario para el perdón de los pecados es el sacramento de la penitencia. Quien, pudiendo confesar los pecados sacramentalmente, rehúsa acudir al sacerdote, sigue en su pecado. Y no porque Dios no lo perdone, sino porque ha rechazado recibir ese perdón donde Cristo mismo lo puso: en las manos de sus presbíteros.

(TOI13J)