Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

30 Junio, 2015 – Espiritualidad digital

Duerme Dios… Durmamos todos

duerme   Si, en lugar de alborotarse, los apóstoles hubiesen contemplado el rostro de Jesús dormido en la barca, hubieran reaccionado de diferente manera.

   La barca desaparecía entre las olas; él dormía… Parece que fuera nuestra última hora. Parece que estuviéramos a punto de morir. Parece que la barca se hunde, y todos acabaremos sepultados. Parece que el viento y el agua nos devorarán.

   Sin embargo, Él duerme. Está tranquilo. Y si Jesús, siendo Dios, está tranquilo y duerme, ¿por qué nos alborotamos? Si en verdad estuviéramos en peligro, Él, que tanto nos ama, no se habría dormido, porque sabemos que vela por nosotros. Por tanto, si Dios duerme, no lo despertemos. Dejémosle descansar, y descansemos nosotros en Él. Duerme Dios; durmamos todos.

   ¡Ojalá hubiésemos aprendido esa lección! Porque no mucho después, en Getsemaní, Dios tiritará, sufrirá angustia y pavor, sudará sangre… Y, cuando acuda a buscar consuelo en los hombres, los encontrará dormidos. ¿Y ahora qué? ¿Ya no teméis?

   ¡Miserable humanidad! Velamos inquietos cuando Dios duerme, y dormimos a pierna suelta cuando Dios vela sumido en la angustia. Más nos valdría no temer cuando Dios no teme, y preocuparnos de lo que a Dios le preocupa: la salvación de las almas.

(TOI13M)