Liber Gomorrhianus

26 Junio, 2015 – Espiritualidad digital

Mucha gente pueden ser pocas personas

mucha-gente1   ¡Que venga gente! ¡Más gente! En nuestro particular vocabulario, «gente» significa «éxito». Si reúnes mucha gente, eres un triunfador. Y, si te quedas solo, te señalarán. Muchos reclaman hoy el gobierno «de la gente». Y, sin embargo, reunir gente no es difícil. Basta con dar mucho y pedir poco. Si regalas televisores en la plaza, la llenarás de gente. ¿Habrás triunfado? Lo que es seguro es que no te habrás quedado solo.

   En ocasiones, los sacerdotes hemos recorrido ese camino: gente, que venga gente. Ponlo fácil, que se diviertan, que lo pasen bien, que no se aburran, que vengan muchos, abre las puertas, todas las puertas… ¿Y qué?

   La «gente» es un monstruo que asesina a las personas. He visto templos llenos con confesonarios vacíos. Porque en el confesonario no cabe gente, sólo personas. De una en una. Y, allí, al pecado se le llama pecado, y al perdón, perdón.

   Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. Cuando, sin embargo, subió el monte, tuvo que subir solo, cargado con la Cruz. Simón de Cirene no es «gente». Es Simón de Cirene. Cuando se va la gente, despunta la verdad. Lo contrario de «gente» no es «nadie», sino «uno».

(TOI12V)