“Evangelio

8 Junio, 2015 – Espiritualidad digital

Del oído al corazón. Y del corazón a los ojos

oído   Estamos ciegos. Tan ciegos, que sólo vemos con los ojos. Es decir, no vemos nada, porque lo que ven los ojos es nada, y nada son los mismos ojos.

   La fe –dice san Pablo– entra por el oído (cf. Rm 10, 17). A través del oído escuchamos la palabra que abre el corazón a lo invisible. Por el oído sabemos que, cuando los ojos no ven sino pan, es Dios a quien tienen delante. Y, si nos postramos ante la sagrada Hostia, no es por lo que ven los ojos, sino por lo que hemos oído y creído: allí está Cristo, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.

   Y, con todo, no basta escuchar. Para que el corazón sea abra a lo invisible y surja la fe, es preciso que no esté atado a su interés, ni a las cosas de la tierra. Un corazón lleno de tierra no puede elevarse a las alturas que la Verdad exige.

   Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Pobre ciego, encomiéndate al corazón inmaculado de María. Que Ella limpie el tuyo de prejuicios y ataduras, para que así, escuchando, creas, y, creyendo, recobres la vista y veas.

(TOI10L)