Liber Gomorrhianus

31 Mayo, 2015 – Espiritualidad digital

Tu nombre y tu huella

trinidad   Llevo el nombre de mi padre. Y mi hermana lleva el nombre de mi madre. Y mi madre lleva el nombre de su madre. Ahora ya no es tan frecuente, porque los papás ponen a los niños nombres en que sus papás jamás hubiesen pensado: Luna, Abril, Asier, Leo… ¡Yo qué sé! A los sacerdotes, a veces, nos cuesta trabajo bautizar a los niños con según qué nombrecito. Pero, hasta hace unos años, era normal que los hijos heredásemos el nombre de los padres, o de los abuelos. Parecía que, al poner el nombre, los papás dejaban su impronta en el pequeño.

   Haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Al final, sea cual sea el nombre que te den tus padres, en el bautismo naces para Dios, y es su nombre el que heredas. El del Padre, el del Hijo, y el del Espíritu Santo. Queda ese nombre marcado a fuego en tu alma, y sales del agua bautismal convertido en imagen de la Trinidad. En ti se aman el Padre y el Hijo, y ese Amor te puebla y te consagra. Eres un cielo en la tierra.

(SSTRB)