Liber Gomorrhianus

16 Mayo, 2015 – Espiritualidad digital

Pidiéndole a Dios según Dios

pedid y recibiréis   El pedid y recibiréis, que tantas veces repite Jesús en los evangelios, requiere una explicación. Entendido de forma ramplona, podría llevar a pensar en una especie de «superpoderes» que dotan al cristiano de una caprichosa omnipotencia. El siguiente paso sería la decepción. Y el tercero, y último, el abandono: «Le pedí a Dios que se curase mi amigo. Mi amigo ha muerto. Dios no existe. No volveré a rezar». Cualquier sacerdote ha escuchado argumentos parecidos a éste en repetidas ocasiones.

   Pero el pedid y recibiréis del evangelio no es una barra libre de milagros. Son palabras pronunciadas para los hijos, no para extraños. De modo que, primero, es preciso vivir como hijos. Sólo entonces se entiende el pedid y recibiréis.

   Es oportuno escribirlo ahora, durante este decenario al Espíritu Santo. Porque es Él, el Espíritu de hijos, que nos hace clamar «Abbá, Padre», quien alumbra nuestra oración. Los hijos de Dios piden según el Hijo, y piden lo mismo que el Hijo –Cristo– suplicó a gritos y con lágrimas en la Cruz: la salvación de las almas, la gloria de Dios, la venida de ese mismo Espíritu. Piden como Él, ofreciendo sus vidas.

   Dios no puede jamás desatender esa oración.

(TP06S)

“La