Liber Gomorrhianus

6 Mayo, 2015 – Espiritualidad digital

Rezando después de rezar

permanecer   Regresemos a nuestra meditación de anteayer sobre hoteles y templos. De eso trata, también, la alegoría de la vid, compuesta toda ella alrededor de un verbo: «permanecer». Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. El que permanece en mí, y yo en él, ése da fruto. Al que no permanece en mí lo tiran fuera. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis

   Y es que una cosa es rezar y marcharse, y otra muy distinta es permanecer. Permanecer supone vivir en diálogo ininterrumpido con Dios. Estar conduciendo, y en oración; comprando, y en oración; trabajando, y en oración; comiendo, y en oración; durmiendo… y en oración.

   ¿Cómo se llega a permanecer en oración, más allá de los tiempos dedicados a la piedad? Primero es preciso servirse de recordatorios, alabanzas y jaculatorias mil veces repetidas. Luego el alma entra en amor, y ya no hacen falta recordatorios. La oración es el aire que respiras. Pero todo empieza –recuérdalo– por dedicarle a la oración el tiempo necesario. Si primero no estás, jamás podrás permanecer.

(TP05X)

“La