Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

1 Mayo, 2015 – Espiritualidad digital

No sólo son altares los andamios

obrero   El 1 de mayo de 1955, Pío XII instituyó la fiesta de San José, obrero. En aquel momento, trataba el Papa de reivindicar para la fe el valor sagrado del trabajo humano, en respuesta a las movilizaciones con que el mundo comunista había conquistado esa fecha y la había proclamado el «Día del trabajo». «¡Muy bien! –pareció decir el Papa– Nos sumamos a la fiesta. En la Iglesia amamos el trabajo. Y, por eso, pondremos este día bajo el patrocinio de San José, obrero y trabajador. Que también Jesús, el hijo del carpintero, nos redimió trabajando».

   A lo largo de estos 60 años, la fiesta ha pasado, de solemnidad, a memoria libre. También podría pensarse que –al menos en español– el adjetivo «obrero» ha quedado desfasado. No sólo es trabajador el que empleado en una obra. Además, después de la crisis, apenas quedan obras. Trabajador es también el taxista, y el banquero, y el médico, y el ama de casa, y los abuelos, que andan hoy pluriempleados cuidando nietos.

   El trabajo, para un cristiano, es redención, ofrenda y Eucaristía. Eso celebramos. El amor a Dios de quien trabaja para tallar su cruz de cada día y llenarla de celo apostólico.

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