Evangelio 2018

mayo 2015 – Espiritualidad digital

Tu nombre y tu huella

trinidad   Llevo el nombre de mi padre. Y mi hermana lleva el nombre de mi madre. Y mi madre lleva el nombre de su madre. Ahora ya no es tan frecuente, porque los papás ponen a los niños nombres en que sus papás jamás hubiesen pensado: Luna, Abril, Asier, Leo… ¡Yo qué sé! A los sacerdotes, a veces, nos cuesta trabajo bautizar a los niños con según qué nombrecito. Pero, hasta hace unos años, era normal que los hijos heredásemos el nombre de los padres, o de los abuelos. Parecía que, al poner el nombre, los papás dejaban su impronta en el pequeño.

   Haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Al final, sea cual sea el nombre que te den tus padres, en el bautismo naces para Dios, y es su nombre el que heredas. El del Padre, el del Hijo, y el del Espíritu Santo. Queda ese nombre marcado a fuego en tu alma, y sales del agua bautismal convertido en imagen de la Trinidad. En ti se aman el Padre y el Hijo, y ese Amor te puebla y te consagra. Eres un cielo en la tierra.

(SSTRB)

… Pero tenemos miedo

autoridad   La autoridad de Jesús es misteriosa. No se la ha dado nadie de este mundo, sino su Padre, que está en los Cielos. Tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto… No revela el Señor el origen de esa prerrogativa, porque se encuentra en el misterio de Dios.

   A nosotros, los cristianos, se nos ha dado la misma autoridad. El propio Jesús la ha puesto en nuestras manos, de modo que, cuando pronunciamos palabras venidas del Cielo, debemos hablar al mundo con la autoridad de Dios. Somos pecadores, unos pobres vasos de barro. Pero llevamos en nosotros una palabra capaz de hacer temblar a los astros. Y debemos proclamarla con orgullo.

   Pienso en tantas personas que, hoy día, parecen pedir perdón por ser cristianos. En muchos que callan, y guardan su religiosidad en secreto, como si se tratara de un delito. En otros que dan testimonio de su fe, pero lo hacen como si solicitaran a los demás permiso para no ser modernos, y se acogieran a su indulgencia.

   Mientras tanto, los enemigos de Cristo vocean y campan a sus anchas, presumiendo de sus blasfemias y de su aversión a lo religioso.

   No hablamos con autoridad. Hablamos con miedo.

(TOI08S)

Tiempo de higos

higos   Ved a todos los jardineros del mundo reunidos, estampando su firma en un recurso de apelación contra la condena dictada por el propio Hijo de Dios contra una pobre higuera que no le dio de comer: Nunca jamás coma nadie fruto de ti.

   El propio evangelista se extraña, y ofrece el argumento del recurso: No era tiempo de higos.

   ¡Sé razonable, oh Dios! ¿No sientes lástima de tu criatura? Ella quisiera darte todos sus higos, y no reservarse para sí ni uno solo. Pero –compréndelo– no es tiempo de higos. ¿Cómo te dará lo que no tiene? Pídele ramas, y se las dejará cortar por ti. Pídele hojas, y te entregará todas. Pídele higos, si quieres, pero espera al menos a que llegue el tiempo y te los pueda dar…

   ¿Cómo le pides a quien tiene que ocuparse de su casa, de su familia y su trabajo que te entregue almas? ¿Acaso no ves que no tiene tiempo? ¿Cómo va a acercarse a los pecadores para anunciarles tu Amor, con el ritmo de vida que llevamos? Pídele que rece, y rezará. Pero salir de casa, conocer gente… ¡No puede! ¡No sabe!

   Al día siguiente, vieron la higuera seca de raíz.

(TOI08V)

Un hombre de Dios. Punto

sacerdote   Jamás entenderemos los misterios de Dios si los miramos a través de los criterios del mundo. Y, por desgracia, es algo que nos sucede con frecuencia.

   Un ejemplo: le pedimos al sacerdote lo que pediríamos a un presentador de televisión o a un político. Queremos que nos entretenga, que sea ameno, que solucione problemas y que sea campechano y tenga whatssap. Hay gente que va a misa para escuchar a según qué predicador. Pero la homilía dura –debería durar– ocho o diez minutos, mientras la misa dura cuarenta… Nos sobran treinta. No negaré que los sacerdotes tenemos cierta culpa. Inflamos a veces las homilías como si fueran el «plato estrella» de la Eucaristía. Mal por nosotros.

   Haced esto en conmemoración mía. Lo que le pide Cristo al sacerdote es mucho más sencillo y radical que lo que le pide el mundo: que celebre la Eucaristía. Y que lo haga con fervor, uniéndose a la Hostia que ofrece en el altar. También le pide que perdone los pecados; que no se canse de estar en el confesonario y de sanar las heridas del alma.

   Ni guapo, ni joven, ni dinámico ni moderno. El sacerdote debe ser, simplemente, un hombre de Dios.

(XTOSES)

Lo que pudo haber sido y no fue…

lo que pudo haber sido y no fue   ¡Pobre Jesús! Tres años hablando de lo que más amaba, de lo que más importaba al hombre, y nadie le hizo el menor caso. Bueno… nadie, no. Le hicieron caso los mares, las enfermedades, los vientos, los panes, los peces, y hasta los demonios. Pero aquéllos a quienes Él había venido a hablar, los hombres, no escucharon. Ni siquiera los más cercanos.

   El Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte… Cinco minutos después, se acercan Santiago y Juan: Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

   ¡No habían escuchado nada! Les acababa de hablar Jesús de oprobios, desprecios y condenas, y aún ellos estaban esperando glorias y honores terrenos. Y no sólo eso, sino que, además, se lo exigían: Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.

   Si esto sucedía con los amigos, ¡qué trato le dispensarían los enemigos! Lo sabemos.

   Pero hay algo que no sabemos: qué habría sido del mundo si los hombres hubiesen hecho caso a Dios.

   No lo vamos a saber. En este mundo, cada uno hace lo que le da la gana. Así nos va.

(TOI08X)

El ciento por uno que pocos conocen

ciento por uno   No existe en el mundo banquero, ni político, ni empresario ni grandes almacenes que se atrevan a prometer el ciento por uno. Jesucristo, sin embargo, lo promete a todo aquel que se desprenda de algo por seguirle: Recibirá, en este tiempo, cien veces más. Y es Dios quien promete: No puede engañarse ni engañarnos.

   El modo en que paga sólo lo conoce quien hace la experiencia de desprenderse de algo por Él. No son muchos. La mayor parte de la gente se acerca al Señor para recibir, no para dar. ¡Estamos tan necesitados! Los unos quieren bienes materiales, otros necesitan consuelo en su tristeza, otros desean paz de espíritu, otros el perdón de sus pecados… ¿Has perdido algo alguna vez por Cristo?

   Quienes entregan a Dios con generosidad cuanto tienen saben cómo paga Jesús sus deudas en esta vida. Y que, al desprenderte por su Amor de tu riqueza, te parece estar viviendo cien vidas, amando amores cien veces más grandes, llorando lágrimas cien veces más valiosas, multiplicando por cien el tiempo y experimentando gozos cien veces más brillantes.

   Sólo quien pierde algo por Jesús sabe lo que es ese ciento por uno. Y que vale cien veces la pena.

(TOI08M)

Guárdame esto

guárdame esto   ¿Nunca has dicho «guárdame esto»? Por ejemplo: estás en el aeropuerto, cargado con tu maleta, esperando a que llegue la hora del embarque, y decides pasar a una cafetería para tomar un café. Entonces le dices a un amigo «guárdame esto, que ahora vengo», le entregas la maleta y vas, ligero de equipaje, a tomar tu desayuno. La misma escena podría describirse cambiando «cafetería» por «cuarto de baño», pero he preferido el primer ejemplo, que es menos ordinario. En todo caso, hay mil circunstancias en la vida en las que es mejor confiar a otro tu carga para poder hacer lo que deseas sin demasiado estorbo.

   Vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme. Así de sencillo. Seguir a Cristo con todo el equipaje que arrastras por la vida no es sólo incómodo, sino imposible. Por eso, si has conocido su Amor y has decidido seguirle, te desprenderás de cuanto tienes: dinero, planes, tiempo… Lo entregarás a tus hermanos, mientras le dices a Dios «guárdame esto», y partirás ligero a la caza de tu Amor. Una vez encontrado, todo lo que entregaste se te devolverá transfigurado en gloria.

(TOI08L)

Por qué la Iglesia no es democrática

democrática   Hoy coinciden, en España, el día de Pentecostés y las elecciones autonómicas y municipales. Es buen momento para explicar por qué la Iglesia no es democrática. La democracia permite saber cómo desea gobernarse un grupo de personas. No ofrece una respuesta exacta, pero al menos desvela lo que desea la mayoría. Preguntas como ésa deben responderse así, desde abajo.

   La Iglesia, sin embargo, no es un colectivo de personas que se pregunta por cómo desea organizarse. La Iglesia es el pueblo de los redimidos por Cristo. Y esta redención se recibe al acoger al Espíritu.

   Recibid el Espíritu Santo. En lugar de fluir de abajo a arriba, como sucede en democracia, el Paráclito viene del Cielo y es regalado a los hombres. Se derrama de arriba a abajo, a través de los ministros (servidores), cuyas manos ungidas son cauce de salvación. A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados… Nada menos democrático que una confesión. Porque de abajo viene el pecado, y de arriba, del Cielo, el perdón.

   Para el bien de tu país, hoy tendrás que decidir ante una urna. Para el bien de tu alma… Tan sólo abre las compuertas, y ve al confesonario. Te llenarás de Dios.

(PENTB)

“La

Desmesuras

el discípulo a quien Jesús tanto amaba   No deja de tener su gracia (en todos los sentidos) el que, ayer mismo, preguntase Jesús a Simón si lo amaba más que el resto, y hoy, en el versículo siguiente, Juan se defina como el discípulo a quien Jesús tanto amaba. Pedro confesará Tú sabes que te amo, mientras Juan se siente el más amado por Jesús.

   Son locuras de amor, y no existe una cinta métrica en todo el globo terráqueo capaz de medir si Pedro amaba a Jesús más que sus hermanos o si Jesús amaba a Juan más que a Pedro.

   Pero, cuando se entra en Amor con el Hijo de Dios, todo es exagerado, y la prudente moderación se convierte en tibieza. Se trata de un caso único. Porque, entre criaturas, siempre hay que tener cuidado de no exceder ni rebajar la medida justa. Pero, cuando entra en juego el mismo Dios, y abre sus entrañas, y derrama un caudal infinito de Amor, toda medida se rompe, y uno quisiera amarlo más que los santos y los ángeles, mientras que una gota de ese Amor, al alcanzar el pecho, te hace sentir la criatura más predilecta de la Tierra.

   ¡Y que muchos se lo pierdan!

(TP07S)

“La

El amor verdadero es eucarístico

amor verdadero       Fue la gran lección que tuvo que aprender Simón Pedro. Pocos alumnos han hecho suya, al fin, la enseñanza de su maestro mientras agonizaban boca abajo, clavados en una cruz. Simón lo hizo.

   Cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías. Cuando seas viejo, otro te ceñirá, y te llevará a donde tú no quieres. Que dar la vida no es hablar mucho, ni moverse mucho, ni hacer muchas cosas, ni desplegar multitud de medios sofisticados y altamente eficaces, ni pasar el día pegado a un teléfono resolviendo problemas, ni quebrarse la cabeza arbitrando soluciones, ni correr para llegar a todo y a todos… Todo eso es, al fin, vanidad.

   Dar la vida es, simplemente, dejarse comer, porque el amor verdadero es eucarístico; abrir los brazos y sonreír mientras los demás se llevan tu tiempo, consumen tus fuerzas y se viven tu vida. Y, si nada te agradecen; o –mejor aún– si, después de llevárselo todo, aún se encaran contigo y te exigen más, encogerte de hombros, rezar por quienes te comen, y dejar que te escupan y te desprecien. Y sentirte muy dichoso en todo ello, porque estás amando como has sido amado por Jesús.

(TP07V)

“La