Liber Gomorrhianus

7 Abril, 2015 – Espiritualidad digital

Ese amor que vence a la muerte

Magdalena   La primera reacción de María Magdalena, cuando los ángeles le anuncian que Jesús ha resucitado, es de incredulidad. Acude a los apóstoles para decirles que se han llevado del sepulcro al Señor (Jn 20, 2). Lo sorprendente es que no habla del «cadáver», ni del «cuerpo», sino del Señor. Lo cree muerto, pero sigue rindiéndole este tributo de adoración y Amor.

   Tras el revuelo organizado por el anuncio, María Magdalena, incapaz de seguir viviendo lejos de esa última frontera en la que perdió de vista al Amor de su vida, vuelve al sepulcro. Y, de nuevo ante los ángeles, pregunta por Jesús: Se han llevado a mi Señor… ¡Bendita mujer! Lo que le faltaba de fe le sobraba de amor, y ese amor mereció el favor que la incredulidad impedía. Fue la primera en ver al Resucitado.

 Si la resurrección de Cristo supone un paso adelante desde la muerte hacia el otro lado, hacia la eternidad, el amor de la Magdalena lo acompañó misteriosamente en ese paso. Muerto el amado, el amor no se repliega, sino que se precipita hacia el «más allá» de la muerte. Ese amor indestructible y apasionado yo lo quiero para mí. Cristo no merece otro.

(TP01M)

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