Evangelio 2018

1 abril, 2015 – Espiritualidad digital

El traidor y el tibio

Judas   Judas traicionó a Jesús. Después de haberlo hecho, fue acosado por el remordimiento, que no es lo mismo que la contrición; en la contrición hay amor, y en el remordimiento sólo hay soberbia, la rabia de no ser perfecto, y –quizás– el miedo de la condena. En todo caso, hubiera sido suficiente esa atrición si Judas hubiese confiado en la misericordia del Señor, y, como Simón, hubiese buscado su perdón… Pero no lo hizo. En lugar de eso, se colgó de un árbol y se mató. Jesús dijo de él: más le valdría no haber nacido.

   Te hablaré de otra persona, y te invitaré a pensar quién es peor: me refiero a aquél que «confía» tanto en la misericordia de Dios que peca repetidamente sin el menor reparo. Al fin y al cabo, sabe que, llegado al confesonario, todo se saldará con un avemaría. En el fondo, piensa que le sale barato, y apenas lucha para evitar el pecado. ¿Es peor quien –como Judas– desconfía de la misericordia de Dios, o quien abusa de ella y traiciona a Cristo mil veces sin apenas remordimiento?

   Lo curioso es que, en gran parte de los casos, la absolución del segundo es válida.

(XSTO)