Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

28 Marzo, 2015 – Espiritualidad digital

Los que aman, los que no, y los que ni fú ni fá

ni fu ni fa   Jesús de Nazaret se había convertido en un forajido. Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo. Paradójicamente, uno de los hechos que movió a los fariseos a perseguirlo fue la resurrección de Lázaro. El signo que debería haberlos llevado a creer fue el que hizo estallar su rabia contra Jesús. Así son las cosas, ayer y hoy.

   A los que aman a Dios –dice san Pablo– todo les sirve para el bien (Rm 8, 28). Y, así, la resurrección de Lázaro confirmó en la fe a sus dos hermanas. Pero a quienes no aman a Dios, sino a sí mismos, todo les sirve para el mal. Y, ante ellos, el mayor de los milagros se vuelve piedra de escándalo y motivo de condena.

   Luego están los tibios; los que «ni fú, ni fá». A ésos, los milagros les hicieron aplaudir, y las insidias de los fariseos les hicieron vociferar contra el Señor. El tibio es capaz de decir «Amén» en la iglesia mientras, al mismo tiempo, piensa en el pecado que cometerá cuando salga.

   Ya lo ves. Hay tres bandos. Y sólo uno llegará al Cielo. ¿Dónde estás?

(TC05S)