Evangelio 2018

27 marzo, 2015 – Espiritualidad digital

La maldad sin prisas

la hora   Cuando Jesús fue llevado ante Pilato, y el procurador invitó a los judíos a que juzgasen al Señor, le replicaron: Nosotros no podemos dar muerte a nadie (Jn 18, 31).

   ¡Qué gran mentira! Y, como las grandes mentiras, estaba trufada de verdad: ciertamente, no estaba permitido a los judíos sentenciar a muerte a sus reos, pero hacían lo que les venía en gana. Al señor ya quisieron despeñarlo en Nazaret, y hoy se nos dice que los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. También a la mujer adúltera la hubieran lapidado si Jesús no hubiese intervenido. Poco después de la muerte de Cristo, Esteban fue apedreado hasta morir.

   En esta ocasión, Jesús se les escabulló de las manos. No hay ningún milagro; solamente treinta añitos, y una condición física envidiable. Pero quizá Caifás y los sumos sacerdotes se alegrasen del fracaso de estos atolondrados. No eran formas. Era preciso, antes de matar al Salvador, despojarlo de su prestigio.

   No confundamos al Demonio con las pasiones, aunque ambos lleven a la muerte. Las pasiones son atolondradas y estúpidas. El Demonio es astuto. Quizá fue él quien trabó los pies de aquellos idiotas. Aún no era la hora. Pronto lo será.

(TC05V)