Evangelio 2018

23 marzo, 2015 – Espiritualidad digital

Las manos del sacerdote

sacerdote   A Nicodemo le dijo Jesús que Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él (Jn 3, 17). Volverá Jesús un día, y entonces juzgará a vivos y muertos. Pero, hasta que ese día llegue, la mano llagada del Señor permanece tendida en la Cruz para que el pecador encuentre misericordia.

   Es la misma mano que, ante la mujer adúltera, escribía con el dedo en el suelo. Y no era una sentencia lo que escribía, sino un alegato de defensa.

   Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Es, también, la misma mano del sacerdote que imparte sobre tus pecados la absolución sacramental. No olvides que el sacerdote lleva las manos de Cristo. Son manos llagadas que perdonan pecados y sanan heridas. Hace tiempo que dejo de ser costumbre besar las manos del sacerdote; pero aquella práctica estaba llena de sentido. Yo beso a menudo mis manos, porque ni son mías ni soy digno de ellas. Y quedo sobrecogido cuando veo derramarse a través de ellas toda la misericordia de Dios.

   Aprovecha esas manos sacerdotales. Acude ahora a impetrar misericordia. Aún es tiempo de perdón.

(TC05L)