Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

14 Marzo, 2015 – Espiritualidad digital

Cómo arruinarse en treinta segundos

parábola del fariseo y el publicano   La parábola del fariseo y el publicano va dirigida a un público muy concreto: a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás.

   La frasecita se las trae. Va, de mejor, a peor, y, de peor, a nefasto. Me explico:

   No es malo tenerse por justo. Dentro de unos días, cuando celebremos la Vigilia Pascual, escucharemos: «Esta es la noche en que (…) los que confiesan su fe en Cristo (…) son agregados a los santos». Y santos debemos sabernos si vivimos en gracia, porque somos pueblo santo, consagrado por Dios.

   Sentirse seguro de uno mismo es temeridad, y el comienzo de una traición. Dice el Apóstol: Quien crea que está en pie, tenga cuidado no caiga (1Co 10, 12). Porque, sin Dios, somos sólo pecado. Lo bueno que hay en nosotros, de Él lo recibimos. Y podemos perderlo si nos separamos de su Amor. Nuestra justicia no es nuestra.

   Despreciar a los demás es perder todo lo recibido. Porque, al hacerlo, nos apartamos de los ojos misericordiosos de Dios, le arrebatamos el trono y juzgamos al prójimo. Nos hemos vuelto a quedar solos con nuestro pecado. Y eso es el Infierno.

(TC03S)