Liber Gomorrhianus

8 Marzo, 2015 – Espiritualidad digital

El signo de nuestra fe

signo   En múltiples ocasiones, los judíos pidieron un signo a Jesús. Habían visto abrirse los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos; habían oído hablar a los mudos; y, por si fuera poco, vieron resucitar a Lázaro. ¿Qué más querían? Te lo diré: querían, en lo profundo de sus corazones, que Dios les quitase la libertad. Soñaban con un signo tan aparatoso y sonoro que los hincase en tierra de rodillas en medio de un temblor irresistible. Jamás lo hubieran reconocido, pero lo deseaban. Eso sucederá un día, cuando Jesús vuelva sobre las nubes a juzgar a vivos y muertos. Pero, entre tanto…

   …. – «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» – «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré»… Él hablaba del templo de su cuerpo.

   Hasta que Jesús vuelva, el signo levantado para todos los hombres es la Cruz. Un crucificado no da miedo, ni obliga al hombre a arrodillarse. Ante la Cruz, los hombres han escupido y blasfemado. Pero quien, libre y amorosamente, se hinca de rodillas frente a ese leño y lo mira embelesado, conoce el Amor de Dios y queda cautivado por Él. La Cruz es nuestra Cuaresma, y será también nuestra Pascua.

(TCB03)