Liber Gomorrhianus

2 Marzo, 2015 – Espiritualidad digital

Balcones en el ático de la Cruz

balcones       Le he pedido a Dios prestados sus ojos. Es la única forma en que podría cumplir las palabras del Evangelio: Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo.

   No me es difícil ser compasivo con aquéllos a quienes amo. Cuando los veo sufrir, sufro con ellos casi sin querer. El problema viene cuando se trata de personas que me quieren mal, que me tratan peor, o que me han hecho daño. ¿Cómo ser compasivo con ellos, si el mero hecho de traerlos al pensamiento me exaspera?

   Necesito descubrir qué ve Dios en esas personas para compadecerse de ellas.

   Dios me ha señalado dónde están sus ojos. Se alojan en el rostro de Jesús crucificado. Desde esos dos balcones de la Cruz debo mirar a esas personas de quienes no puedo compadecerme.

   Me asomé, y ¡qué distinto es todo desde allí! Lo que mis ojos no veían lo vi desde esos balcones. Esas personas me hicieron daño porque sufrían; cada uno da lo que tiene. Había tinieblas y amargura en su interior. ¡Pobres! Casi podría sentirme dichoso de haber cargado con una esquina de su cruz. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

   No quisiera volver a usar mis ojos nunca.

(TC02L)