Evangelio 2018

22 febrero, 2015 – Espiritualidad digital

El desierto

desierto   El desierto es el escenario de la Cuaresma. Si nos dice san Marcos que el Espíritu empujó a Jesús al desierto, ese mismo Espíritu nos empuja hoy a nosotros.

   Hambre, sed, cansancio, ayuno, penitencia… Aburre hasta escribirlo. No es ésa la esencia del desierto. El desierto es, sobre todo, soledad. Soledad con Cristo, silencio amoroso, intimidad y confidencia. Quienes se aman encuentran gusto en quedarse solos. Por eso, el desierto es el lugar del noviazgo.

   Dale, durante estos cuarenta días, un poquito menos al cuerpo, para que no se amodorre y atonte el alma. Podrías prescindir de la comida entre horas, o de los dulces, o, simplemente, comer o beber menos. Así liberamos al espíritu de esclavitudes y expiamos, con Jesús, nuestras culpas.

   Busca tiempos de silencio y recógete en oración. Podrías comulgar a diario durante la Cuaresma, o rezar cada día el santo rosario, o visitar a Jesús sacramentado cada jornada.

   Pero, sobre todo, como el desierto es lugar de amor, entrega y entrégate. Suelta lo tuyo y dáselo a Él. Él –ya lo verás– soltará lo suyo y te lo dará. Él será tuyo, y tú serás suyo. El desierto es el lugar de la Alianza, del desposorio.

(TCB01)