Liber Gomorrhianus

20 febrero, 2015 – Espiritualidad digital

Viernes de bodas

bodas   A los novios, tras el banquete de bodas, no se los llevan. Se marchan ellos, y además se marchan con la novia. Y tampoco se termina el banquete, porque muchos ni se enteran de que los novios se han ido. Siguen bebiendo y bailando (a esas horas ya apenas comen) para prolongar la fiesta mientras el cuerpo aguante.

   Llegará un día en que se lleven al novio. Entonces ayunarán. Es que no es lo mismo. El novio del que habla Jesús (que es Él mismo) ni se va por propia voluntad, ni se marcha acompañado por la novia. A ese novio se lo llevan de este mundo porque lo matan, y la fiesta se convierte, de repente, en funeral. Los invitados, entonces, ayunan y lloran. Son bodas de sangre.

   Por eso ayunamos. Vino a la Tierra el Verbo Divino a desposarse con la Humanidad, y nuestros pecados le prepararon un tálamo nupcial sobre una Cruz. Ayunamos porque, aún habiendo vomitado al Novio de la Tierra, estamos arrepentidos y queremos, más que ninguna otra cosa, morir de Amor con Él. Es bueno rezar el Vía Crucis los viernes de Cuaresma. Te lo digo por si hoy quieres vivir bien la abstinencia.

(TC0V)