Evangelio 2018

14 febrero, 2015 – Espiritualidad digital

Apostolado efervescente

efervescente   Una de las mayores fuentes de decepción en el apostolado es la mentalidad de «efectos instantáneos». Quisiéramos practicar una apostolado efervescente, como las pastillas para el resfriado: las viertes en el vaso de agua, hacen «pffffft», se disuelven, y ya está.

   Pero no está. Hablas de Dios a una persona, y no te hace ni caso. Ssigue su vida, y, si escucha lo que le dijiste, lo almacena con otra cantidad de conocimientos inútiles que preferiría no haber escuchado.

   Los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir él. Si el apostolado de estos setenta y dos hubiera sido efervescente, no habría hecho falta que Jesús fuese después a esos lugares, salvo para firmar el decreto de canonización de sus habitantes. El Señor te envía a que fracases. Luego viene Él, y un acontecimiento en la vida de quien te escuchó extrae del armario de los conocimientos inútiles lo que le dijiste. «¡Anda! Esto es lo que me dijo aquel pesado». Y se confiesa, y se convierte, y puede que tú ni te enteres porque ya pasaste de largo. Así queda claro que es Dios quien convierte las almas, no nosotros.

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