Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

12 Febrero, 2015 – Espiritualidad digital

Quisiera ser un perro…

perro   Los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños… Y, en ocasiones, disfruta más el perro con una migajas que el niño con un pan entero.

   Será locura, pero, muchas veces, he deseado ser un perro durante la celebración de la santa Misa: postrarme bajo el altar y recibir la Comunión como un don caído del Cielo y esperado ansiosamente. Sobre todo, lo deseo cuando contemplo a algunas personas que se acercan aburridas a comulgar, que reciben al Señor sin reverencia, y que salen apresuradamente de la iglesia nada más finalizar el santo Sacrificio. Pienso que comulgan como malos hijos, rebosantes de ingratitud. Entonces quisiera ser un perro…

   También quisiera serlo cuando purifico los vasos sagrados después de la Comunión. Quisiera buscar las partículas de la Hostia con el hambre con que busca el perro las migajas de pan bajo la mesa. Y quisiera devorar cada partícula lleno de amor, procurando consumirlas todas.

   Quisiera ser un perro porque, al comulgar con devoción, ese perro queda convertido en hijo. Y, francamente, prefiero ser un perro adoptado como hijo al comulgar que un hijo acostumbrado a las delicias celestiales que ha terminado comulgando como si fuera un perro.

(TOI05J)