Liber Gomorrhianus

11 Febrero, 2015 – Espiritualidad digital

Omnia munda mundis

omnia munda mundis   Frente a quienes idolatran la apariencia, y frente a los adoradores de la imagen, debemos gritar que la verdadera belleza y la limpieza que hace al hombre puro residen en lo profundo del corazón. Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre (…). Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Decía san Pablo que para los limpios todo es limpio (Tt 1, 15). Omnia munda mundis! Santa Inés fue encerrada en una casa de lenocinio, y, cuando concluyó su encierro, eran las meretrices quienes se habían convertido al Señor. Ella permanecía pura.

   En cuanto a cómo se obtiene esa pureza de corazón, no cabe duda de que es preciso vivir en gracia de Dios… Pero no basta. Esa gracia puede profanarse si no se custodia como es debido.

   El corazón del hombre es como un espejo: refleja aquello que mira. Si el hombre pone su atención en el pecado del mundo o en sus propias pasiones desordenadas, el corazón se ensucia. Si el hombre guarda la presencia de Dios, si piensa en Él noche y día, si mantiene su atención en el Amor divino, el corazón resplandece. Si deseas limpiar tu corazón, piensa en Dios.

(TOI05X)