Evangelio 2018

febrero 2015 – Espiritualidad digital

¿A qué aspiras?

aspiraciones   Terminamos hoy nuestro examen de conciencia cuaresmal, dispuestos para realizar una contrita confesión y recibir la gracia del Perdón. Quienes ya hayáis confesado… ¡Mucho mejor!

   Era necesario que concluyésemos nuestros examen así: considerando nuestras aspiraciones. ¿Qué buscamos, en el plano de nuestra santidad y de nuestra unión con Dios? ¿Hasta dónde queremos llegar?

   En cierta ocasión, me pidió un amigo que le indicase dónde había que firmar para asegurarse el Purgatorio. Desde luego que no se lo dije, porque ese tipo de cosas no se firma. Pero deploré su mediocridad. Sé que parece humildad, y que a muchos les suena bien el discurso de quienes susurran, con voz modosita: «Como soy tan pecador, si tan sólo fuera al Purgatorio y después me dejasen la última esquinita del Cielo, sería tan feliz…»

   Vale, vale. Todos seríamos muy felices en la última esquinita del Cielo. Pero el corazón que ama de verdad no puede conformarse. Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto. Y los «perfectos» no se quedan en la esquinita: se lanzan, como niños, al cuello de Jesús, y no lo sueltan durante toda la eternidad.

   Al final, cada uno llegaremos a donde lleguemos. Pero, por aspirar… ¡Que no quede!

(TC01S)

Con los enemigos, mejor la cerbatana

cerbatana   Hace apenas unos días estuve escuchando a una mujer que me hablaba de su hermana. La lista de insultos, improperios y quejas, acompañadas de alguna que otra palabra malsonante, fue casi interminable. Y, cuando terminó de «largar» todo lo que llevaba dentro, no fui capaz de reprenderla ni de censurar en nada sus palabras. Me di cuenta de aquella mujer quería muchísimo a su hermana, y por eso la insultaba. No podía soportar que aquélla a quien tanto amaba echase a perder su vida. Si no la hubiese amado, ni hubiera sufrido, ni la hubiera insultado. Hay insultos que están llenos de cariño.

   En otras ocasiones, sin que haga falta llegar al insulto, basta una insinuación, una ironía o un comentario sesgado para que se produzca un pecado contra la caridad. Cuando no hay amor, no es necesaria la artillería. Se hiere mejor con cerbatana.

   Todo el que esté pelado con su hermano será procesado. Ya lo veis: es dentro del pecho, en el corazón, donde se odia o se ama, se peca o se hacen méritos. Y es ese fondo del corazón el que debemos examinar en Cuaresma. Mis hermanos… ¿Son realmente mis hermanos? ¿O los veo como enemigos?

(TC01V)

Nuestra oración de petición

oración de petición       Cuarto día de examen. Hoy consideramos nuestra relación con Dios, y lo hacemos, según nos indica el propio Señor, llevando los ojos a nuestra oración de petición.

   Pedid y se os dará (…) Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra? Pedir es propio de pobres y de niños. Somos ambas cosas.

   Sin embargo, hay formas y formas de pedir. Algunos quieren comprar los favores a Dios: «Señor, si me concedes esto, rezaré tantas oraciones y ofreceré tales sacrificios». Otros, más que pedir, parecen darle órdenes a Dios: «Señor, dame esto». Si Dios no les concede lo que piden, lo castigan: «No voy a misa porque Dios no me dio lo que le pedí». Otros piden como si tuvieran derecho a recibir: «Señor, concédeme esto, que yo soy de los buenos, de los que rezan»…

   Tú pide, que estás necesitado. Pide mucho. Pero pide como hijo, con confianza y sencillez. Sobre todo, cuando pidas, acepta la voluntad de tu Padre. Y si, en lugar de lo que pides, te concede otra cosa, recuerda que Él te ama y sabe lo que necesitas y lo que es bueno. Así serás hijo de Dios.

(TC01J)

La penitencia se aprende en Nínive

penitencia   Nos examinábamos el lunes sobre caridad, ayer sobre oración… Y hoy, completando la tríada cuaresmal, sobre penitencia. ¿Nos hemos arrepentido de verdad de nuestras culpas? ¿Hemos hecho lo posible por reparar?

   Los ninivitas se convirtieron por la predicación de Jonás. Y aquí hay uno que es más que Jonás. Aquellos hombres no contaban con el sacramento del Perdón. Por eso, todo lo fiaron a sus ayunos y penitencias. Dios se conmovió y los perdonó.

   Nosotros nos hemos confesado, hemos recibido la absolución… Y hemos vuelto a pecar, para retomar ese círculo entre vicioso y virtuoso.

   Si los ninivitas lo fiaron todo a sus ayunos –¡No tenían otra cosa!– puede que nosotros lo hayamos fiado todo al sacramento del Perdón. Pero no hemos hecho penitencia, ni hemos ayunado, ni nos han dolido nuestras culpas. ¡Así nos va! Por eso hemos vuelto a los mismos pecados.

   Pedid la verdadera contrición, ese dolor intenso y dulce de amor por haber ofendido a Dios. Y que ese dolor nos lleve a llorar y a reparar, esta Cuaresma, lo que hasta ahora no hemos llorado ni reparado. No dejemos que el Señor se lleve todo el castigo de nuestras culpas. Algo debería tocarnos a nosotros.

(TC01X)

Hablan, y hablan, y hablan…

hablan   Guiados por el mismo Señor, continuamos nuestro examen de conciencia cuaresmal. Quiera Dios que nos lleve a realizar una buena confesión de nuestras culpas.

   Examinamos hoy nuestra vida de oración. Cuando oréis, no uséis muchas palabras, como los gentiles… Te diré quiénes usan muchas palabras: los interesados, los vendedores de crecepelo, los mentirosos y charlatanes. Y te diré quiénes usan pocas palabras: los enamorados, que se lo dicen todo con la mirada.

   ¿Qué buscamos cuando rezamos? ¿Buscamos a Dios, o buscamos lo que Dios nos puede dar? En el segundo caso, es lógico que usemos muchas palabras. Quisiéramos engatusar a Dios, empleamos toda suerte de artimañas para convencerlo. ¡Cómo si Dios no nos conociera!

   Te diré lo que le sucede a Dios con algunas personas: llegan a su presencia, y hablan, hablan, hablan, hablan… El pobre Dios los escucha, esperando a que se callen para poder decir algo. Pero no le dejan. Hablan, y hablan …

   Quizá algún día, cuando, al rezar, en lugar de hablar, escuchen, logre Dios comunicarles lo que lleva años intentando decirles: que los ama. Pero me temo que muchos de ellos lleguen a la muerte habiendo rezado mucho y no habiendo escuchado jamás a Dios.

(TC01M)

Nuestra primera semana en el desierto: examen de conciencia

examen de conciencia   Amanecemos este lunes en el desierto. Cada uno de nosotros hemos hecho nuestro pequeño (porque somos pequeños) «plan cuaresmal», con ayunos, penitencias, sacrificios… ¿Y bien? ¿Ahora qué? ¿Qué hacemos en el desierto?

   Lo primero, disfrutar de la soledad con Cristo. Sin Él, la Cuaresma queda reducida a una mera dieta de adelgazamiento. Y, para eso, no hace falta ir a la iglesia. Por tanto, deja que la oración, en estos días, lo ocupe todo.

   Y, más concretamente, en esta primera semana, guiados por el mismo Señor, realizaremos un detenido examen de conciencia.

   Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer… Deja que estas palabras te hieran. Y pide perdón, en primer lugar, por tus faltas de amor.

   ¡Cuántas faltas de amor! ¡Cuántos pecados de omisión! ¡Cuántas personas se nos han pasado por alto! ¡Cuántas deudas de caridad con aquéllos que nos necesitaban! ¡Cuánto daño infligido al prójimo, a veces por descuido, otras veces con intención!

   ¿Y me preguntas qué hacemos en el desierto? Por de pronto, llorar y reparar. Hay motivo. Y pedir la gracia de nunca más herir a Cristo en el prójimo.

(TC01L)

El desierto

desierto   El desierto es el escenario de la Cuaresma. Si nos dice san Marcos que el Espíritu empujó a Jesús al desierto, ese mismo Espíritu nos empuja hoy a nosotros.

   Hambre, sed, cansancio, ayuno, penitencia… Aburre hasta escribirlo. No es ésa la esencia del desierto. El desierto es, sobre todo, soledad. Soledad con Cristo, silencio amoroso, intimidad y confidencia. Quienes se aman encuentran gusto en quedarse solos. Por eso, el desierto es el lugar del noviazgo.

   Dale, durante estos cuarenta días, un poquito menos al cuerpo, para que no se amodorre y atonte el alma. Podrías prescindir de la comida entre horas, o de los dulces, o, simplemente, comer o beber menos. Así liberamos al espíritu de esclavitudes y expiamos, con Jesús, nuestras culpas.

   Busca tiempos de silencio y recógete en oración. Podrías comulgar a diario durante la Cuaresma, o rezar cada día el santo rosario, o visitar a Jesús sacramentado cada jornada.

   Pero, sobre todo, como el desierto es lugar de amor, entrega y entrégate. Suelta lo tuyo y dáselo a Él. Él –ya lo verás– soltará lo suyo y te lo dará. Él será tuyo, y tú serás suyo. El desierto es el lugar de la Alianza, del desposorio.

(TCB01)

Conversión significa…

conversión   Hablamos de conversión, y la gente piensa, rápidamente, en un cambio radical de vida… Pero la conversión no es eso. El cambio radical de vida es una de las consecuencias de la conversión. Conversión es, sencillamente, darse la vuelta y mirar.

   No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. Podría decirse que Jesús, entre otras cosas, ha venido a este mundo a llamar la atención. ¿Acaso no es lo que, anteriormente, había hecho la serpiente con Eva? Llamó su atención sobre sí misma, y después sobre el fruto prohibido. Miles de años después, el Verbo Divino se hace carne, acampa en esta tierra de pecado, y grita: «¡Miradme!»

   Entonces Leví, que estaba mirando su telonio para que ninguna moneda se perdiese, levanta la vista, ante la voz de Jesús, y le mira a los ojos. Se ha dado la vuelta, porque estaba mirando a las criaturas de espaldas a Dios, y mira ahora de frente a Dios mientras el telonio queda a sus espaldas. Se ha convertido. Y, al convertirse, se ha enamorado. Y, al enamorarse, cambiará drásticamente su vida.

   ¿Y tú? ¿Dónde tienes puesta la atención? Jesús te llama ahora. Conviértete.

(TC0S)

Viernes de bodas

bodas   A los novios, tras el banquete de bodas, no se los llevan. Se marchan ellos, y además se marchan con la novia. Y tampoco se termina el banquete, porque muchos ni se enteran de que los novios se han ido. Siguen bebiendo y bailando (a esas horas ya apenas comen) para prolongar la fiesta mientras el cuerpo aguante.

   Llegará un día en que se lleven al novio. Entonces ayunarán. Es que no es lo mismo. El novio del que habla Jesús (que es Él mismo) ni se va por propia voluntad, ni se marcha acompañado por la novia. A ese novio se lo llevan de este mundo porque lo matan, y la fiesta se convierte, de repente, en funeral. Los invitados, entonces, ayunan y lloran. Son bodas de sangre.

   Por eso ayunamos. Vino a la Tierra el Verbo Divino a desposarse con la Humanidad, y nuestros pecados le prepararon un tálamo nupcial sobre una Cruz. Ayunamos porque, aún habiendo vomitado al Novio de la Tierra, estamos arrepentidos y queremos, más que ninguna otra cosa, morir de Amor con Él. Es bueno rezar el Vía Crucis los viernes de Cuaresma. Te lo digo por si hoy quieres vivir bien la abstinencia.

(TC0V)

Exceso de equipaje

Equipaje    Entrábamos ayer en el desierto, cerrábamos la puerta detrás de nosotros, y del otro lado debió quedar, definitivamente, el lastre que puede impedir la travesía: el yo. Es el peor de los equipajes, y equipaje, precisamente, es lo que no necesitamos. Nada hay peor que tratar de dar un paso cargando con un ego que pesa toneladas: «me duele aquí, no quiero esto, éste me cae mal, estoy cansado, tengo sueño»… Imposible avanzar.
    El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Es hora de poner en juego nuestra libertad, y de hacerlo con todas las consecuencias. Nadie nos obliga a hacer lo que hacemos, ni nos impone nadie el ayuno o la penitencia. Jesucristo no es un guardia o carcelero que nos lleve esposados a prisión; ni siquiera al Paraíso nos llevará a la fuerza. Si le seguimos es porque le amamos, y, sobre todo, porque nos da la gana. Pero no es compatible seguir a Jesús con cargar con el yo. Por tanto, en este segundo día de la Cuaresma, si quieres seguir adelante, hazte a la idea: descarga el ego, y carga con la Cruz. Así sí.

(TC0J)