Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

22 Enero, 2015 – Espiritualidad digital

Hacer el bien, o hacer amigos (y II)

amigos   Si me leíste ayer, quizá me tengas hoy por mentiroso: Todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. «¡Ahí lo tiene! –me dirás–. A pesar de la enemistad de los fariseos, el pueblo sencillo estaba con Jesús. Haciendo el bien, el Señor se ganó la amistad de los hombres y mujeres del pueblo». Tendríamos que hablar más despacio tú y yo sobre la amistad…

   Llamamos «amistad» a cualquier cosa. Las multitudes que siguieron a Jesús amaban lo que Jesús les daba –consuelo, sanación de enfermedades, expulsión de demonios, alimento–, pero no lo amaban a Él. Cuando, en el Calvario, los milagros del Señor cesaron, y Él mismo se mostró herido y agonizante, todos huyeron. Ya nada podían obtener de Jesús.

   En la maravillosa película de Zinemann «Un hombre para la eternidad», Enrique VIII dice: «Unos me siguen porque llevo corona; otros, porque son chacales hambrientos y yo soy su presa; y otros, porque siguen a cualquier cosa que se mueva». Pero –comprenderás– eso no es tener amigos. Es otra cosa.

   Amigo de Jesús fue Juan, y por eso le pregunto dónde vivía y lo acompañó al Madero. Y amiga fue su Madre. ¿Y tú?

(TOI02J)