Liber Gomorrhianus

20 Enero, 2015 – Espiritualidad digital

Si tienes hambre…

hambre   Dicen que el hambre agudiza el ingenio. Sólo es verdad cuando hablamos de adultos. Porque el adulto está en edad de «buscarse la vida», y, cuando hay necesidad, depende de su ingenio para encontrar el pan. Quien tiene poco ingenio, lo roba. Quien tiene mucho, quizá funde una startup. No sé… Pero con el niño, las cosas son distintas. El niño, cuando tiene hambre, acude a papá y le pide pan.

   ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios. David era un niño de Dios. Nada le pareció más natural, al sentir necesidad, que acudir a la casa de su Padre para encontrar satisfacción.

   No quieras «buscarte la vida». Sé niño. Tu corazón y tu alma están hambrientos, y tú insistes en saciarlos en las criaturas. Desde luego, le echas ingenio: tienes mil ocurrencias para llamar la atención, para buscar cariño, para que todos estén pendientes de ti. Pero no te basta. Por eso, algunas veces, robas. Y, después, sigues insatisfecho.

   Entra en la casa de Dios. Arrodíllate ante el sagrario. Y dile, sin miedo: «En adelante, todo lo esperaré sólo de Ti».

(TOI02M)