Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

15 Enero, 2015 – Espiritualidad digital

Las manos del Salvador

manos   El Hijo de Dios se encarnó porque quería tener manos. También deseaba ojos, labios y pies. Los pies, para andar caminos; los labios, para predicar, y los ojos, para mirar al hombre. Las manos las quería para curar.

   Ayer tomaba de la mano a la suegra de Pedro, y hoy al leproso. Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio».

   Esa mano de Cristo que sana es la mano de Dios tendida hacia el hombre; toda una invitación a poner en juego tu libertad. Porque, si no la tomas con las tuyas, no podrá sanarte. Es la mano del sacerdote que absuelve los pecados, consagra el pan, unge al enfermo y derrama el agua del Bautismo. Antes, en España, se besaba la mano al sacerdote, y no era –como algunos quisieron creer– signo de sumisión a un ser humano, sino veneración por las manos de Cristo. Yo, que soy sacerdote, con frecuencia beso mis manos, porque no son mías, sino suyas.

   Ten devoción por las manos del Salvador. Las verás, también, traspasadas por clavos y cosidas al Leño, abiertas en llagas por las que mana la sangre redentora. ¿No tomarás esa mano sufriente de Dios para quedar limpio?

(TOI01J)