“Evangelio

31 Diciembre, 2014 – Espiritualidad digital

Todo empieza en un pesebre

pesebre   En esta misma página anoté ayer unas palabras en las que a menudo se recrea la Iglesia cuando contempla la Encarnación del Verbo: Él se ha hecho como nosotros, para que nosotros nos hagamos como Él.

   Rápidamente, traducimos: Dios se ha hecho hombre para que el hombre se haga Dios. Y decimos verdad, porque así es. Pero, entre ambas afirmaciones, existe un paso intermedio.

   Me explico: En el «hacerse como nosotros» de Dios, nos ha rebasado por debajo. Se ha hecho pequeño, tan pequeño que, manifestado como un niño, es ahora menor que nosotros. Por eso, el «hacernos como Él» requerirá de ti y de mí que, antes de tomar parte en su divinidad, tomemos parte en su infancia.

   Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. ¡Qué paradoja! Nos toca ahora a nosotros agacharnos para situarnos a la altura de Dios. Es preciso que nazcamos de nuevo, que de nuevo seamos niños, y que ese nuevo nacimiento tenga su origen en Dios. El «estar crucificado con Cristo» de san Pablo significa ahora introducirse en el Pesebre y nacer de nuevo con Él. Llamar «Mamá» María, «Papá» a José… Y jugar.

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