Liber Gomorrhianus

4 diciembre, 2014 – Espiritualidad digital

No basta rezar

no basta rezar   ¡Ay de quien se sienta seguro pensando que está salvado por el hecho de rezar todos los días! No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos. Y es que no basta rezar. Además, es preciso rezar bien.

   Existe una «oración» (lo escribiré así, entre comillas) que no es sino una forma de huir de la vida. Ante las dificultades del camino y los agobios de la existencia, uno puede refugiarse en la piedad, donde todo es placentero y pacífico para el espíritu. «Aquí se que se está bien –dice–, y no en casa soportando a esos pesados. ¡Qué gusto!». Cuando esta persona termina de rezar, vuelve al mundo con tan pocas ganas de afrontar los retos diarios que se le nota. No hay quien la aguante.

   La oración verdadera, la que salva y lleva al Cielo, es la que se hace con la vida a cuestas. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica… Esa piedad, más que en relajarse, consiste en decir «sí» al requerimiento amoroso del Señor. Luego, al finalizar la oración, el «sí» se vuelve muerte y vida. Da gusto estar con personas que rezan así.

(TA01J)