Liber Gomorrhianus

28 Noviembre, 2014 – Espiritualidad digital

Profesión de fe en el anti-milagro

anti-milagro   El origen de mi desafección por las milagrerías es múltiple. Desde muy joven me han hecho ver en lo cotidiano el mejor campo de batalla para amores épicos. De una monja que proclamaba su deseo del martirio me decía su superiora: «Ojalá tuviese las mismas ganas de fregar los platos de la cena»… Un segundo motivo proviene de haber constatado, en más de una ocasión, cómo la cercanía de Dios es proclamada por el anti-milagro.

   El milagro supone una quiebra en el orden natural, como constatación de la intervención directa de Dios. La curación de un enfermo desahuciado es un milagro. El anti-milagro, sin embargo, es el azote de la naturaleza, herida también por el pecado, y desatada contra el propio hombre. La muerte de un enfermo por quien se ha rezado hasta atronar los cielos es un anti-milagro, y en apariencia grita que Dios no existe. Sin embargo, en ocasiones, y para algunas personas, esa muerte proclama la cercanía de un Dios sufriente.

   Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Sabemos lo que son «estas cosas»: muertes, persecuciones, terremotos, pavor… La Cruz de Cristo rasgando el horizonte. Su Reinado a las puertas.

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