“Evangelio

21 Noviembre, 2014 – Espiritualidad digital

Un paso adelante en el momento justo

Éstos son mi madre y mis hermanos   Durante los años de su vida pública, Jesús nunca quiso dar a su madre un lugar de preeminencia. Ella tampoco lo quiso. Así, en silencioso acuerdo de voluntades, el Señor dejó a la Virgen ocultarse en la aparente retaguardia, mientras los apóstoles ocupaban los puestos más relevantes.

   Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo. Pero, entre su madre y Él, se extendía una multitud hambrienta de escuchar la Palabra divina. Todo parece indicar que Jesús no recibió a su madre: Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Aunque nadie, en este mundo, cumplió la voluntad de Dios con tanta finura como la Virgen, María se quedó sin ver a su Hijo. Así debía ser. Para los más santos está reservado un lugar mejor.

   Un día, todas las multitudes huyeron, los apóstoles se espantaron, y se ocultó el sol. Entonces María dio un paso al frente y ocupó el lugar iuxta crucem Iesu, junto a la Cruz de Jesús. Desde allí, y desde lo más alto del Cielo, reinan ambos sobre la Tierra, Redentor y consorte.

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