Evangelio 2018

15 noviembre, 2014 – Espiritualidad digital

Con permiso de Mr. Adam Smith

Adam Smith   No sé si lo dijo Adam Smith, pero a veces la confluencia de egoísmos, cuando no termina en un choque de trenes, acaba rindiendo efectos beneficiosos.

   El juez de la parábola ni temía a Dios ni le importaban los hombres. La viuda, pendiente del «qué hay de lo mío», se dedicaba al escrache sin importarle demasiado perturbar el sueño del togado. Y, al final, por la persistencia de una y el hartazgo del otro, se acabó haciendo justicia.

   Con permiso de Adam Smith, si esto ocurre cuando dos egoísmos confluyen, ¿qué maravillas no sucederán cuando confluyen dos amores, dos almas generosas, dos voluntades santas?

   Tienes muchas ventajas sobre la viuda y el juez. Tú no pides que se te haga justicia y tus enemigos se caigan por las escaleras rodantes del Metro. Tú pides ser santo, lo cual es pedir que Dios sea enaltecido. No se lo pides a la jueza Alaya, que tiene el despacho rebosante de pliegos y no sabes cuándo podrá atenderte; se lo pides a Dios, que te ama y te quiere santo. Tienes buenos deseos, y suplicas a quien es bueno, todopoderoso, y desea lo mismo que tú… Si perseveras, tu oración no puede fallar.

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